sábado, 30 de marzo de 2019


Cómo es la ciudad española, en la visión de Sorolla? Parece que en su visión, la ciudad es una manifestación de las variaciones de la forma como la naturaleza se relaciona con la actividad del hombre. Dentro de este principio, Sorolla parece representar su España a través de algunas formas especiales: del paisaje urbano medieval y la de los bosques; de la que incluye las fiestas y las tradiciones de los pueblos; y de la playa española. Al final, Sorolla parece tener varias Españas en su memoria, cada cual con sus significados y sentimientos.

Ciudades y comunidades autónomas españolas son una España muy variada en las costumbres e historias, tanto que tiene muchos idiomas (aragonés, catalán, castellano, euskera, asturiano, gallego, portugués, aranés), además de una multitud de dialectos. Esta variedad parece encontrarse en las memorias y materializarse en las representaciones de Sorolla, que retrata un país no sólo hermoso, sino también plural en (sus propios) sentimientos que parecen aflorar en las paletas de colores y en la cantidad de brillo elegidos para cada tema.

A lo largo de su vida de pintor, Sorolla retrata paisajes urbanos y de bosques que demuestran la simbiosis que existe entre la historia antigua del pueblo español y sus costumbres, con la naturaleza y la arquitectura que lo atiende. La arquitectura presente en las pinturas de Sorolla, presenta un carácter funcional de abrigar y proteger, y otro de contemplación: de lejos, en los paisajes con castillos medievales, y de cerca, en los jardines interiores repletos de especies vegetales, fuentes y detalles. Estas son las ciudades con sus paisajes constituidos por el hombre, aquellas que de alguna forma sufrieron su interferencia y fueron remodeladas por él. Pero hay todavía el paisaje que posee una libertad más rebelde, sin interferencia humana: la playa. La playa, donde la luz y el color ganan una vivacidad impresionante, contrastando con la opacidad de los paisajes medievales, e incluso con el colorido de una paleta más amplia de los jardines y patios floridos, así como de las ropas festivas folclóricas de las diferentes regiones.

Observando estos tres principales temas de las pinturas de Sorolla: el paisaje con la arquitectura medieval y los bosques, el folclore español y los patios de las casas con sus jardines y áreas de convivencia, y el tercero, la playa, se tiene la visión de una. España multifacética, donde la naturaleza es de suma importancia, y se presenta como dispositivo para el contraste entre tradición y libertad. Sin embargo, la tradición no es vista como algo limitador, sino como algo que posee características que deben ser percibidas más o menos iguales por todos, aunque tenga cierta interpretación personal del artista. Y la libertad, tampoco está como algo idealizado, sino como una posibilidad de explorar colores, composiciones y efectos que provoquen al observador a percibir un poco más de su intimidad, de su individualidad y también de la particularidad con que el artista interpreta el sentimiento de sentimiento relajación que experimenta quién va o está en la playa.

La caleta. Málaga.

El libro "Paisaje y Memoria", de Simon Schama, trae una relación interesante y colaborativa para mirar el trabajo de Sorolla. A través de las consideraciones de Schama, que defiende que es la imaginación humana que transforma la naturaleza en paisaje, se percibe en el trabajo de Sorolla las "diferentes España", observadas en los paisajes que contiene la arquitectura medieval o simplemente el paisaje natural, sus tradiciones folclóricas y en las escenas de convivencia en los jardines de los patios de las casas, y por fin en las obras donde transmite la libertad total que se puede tener en las playas, llegando al punto de no sólo desnudar el cuerpo inocente de los niños, sino desnudar el deseo de expresar la riqueza cultural de este país que posee una historia rica e increíble.

Las representaciones de las tradiciones folclóricas, y de las costumbres, así como de los paisajes con las construcciones medievales, también se remontan a la famosa historia de Adolfo Bioy Casares, en su libro "La invención de Morel". En el libro, el protagonista descubre una máquina construida por un inventor del pasado, ya muerto, capaz de, cuando accionada, hacer volver a la vida recuerdos registrados por la máquina. Traer de vuelta a la vida un pasado, o perpetrarlo, no son consecuencias de la pintura?

EL PAISAJE URBANO MEDIEVAL Y LOS BOSQUES

En "Ávila", 1912, Sorolla pinta el paisaje de la ciudad amurallada, con sus torres, y las casas en el interior. Observando una foto actual, se percibe claramente lo poco que ha cambiado este escenario a lo largo de los años. La pintura refleja a España de historias de luchas, conquistas, derrotas, donde la arquitectura es testigo preservado. La naturaleza está principalmente en el exterior de las murallas, pero se integra con la arquitectura por los colores - se observa que la muralla tiene el mismo color y tono que la tierra a su frente (naturaleza no es sólo la vegetación y la fauna).

Ávila. 1912.

En sus pinturas de pequeñas dimensiones (hasta 30 cm), las cuales llama "notas de color", Sorolla prueba colores y tonos, a través de la representación de detalles paisajísticos de bosques, alamedas, plantaciones, incluyendo o no la figura humana y pequeños detalles de arquitectura. Son las impresiones de Sorolla, acerca de una naturaleza española, que no se contrasta mucho con la arquitectura y con la figura humana cuando estas aparecen, pero, por el contrario, se integran con ella. Una vez más, como defiende Schama, es la imaginación humana que transforma la naturaleza en paisaje, pues Sorolla selecciona los fragmentos que le conviene mostrar y probar, dando al observador una visión selectiva de este tipo de paisaje. El paisaje urbano y medieval español de Sorolla es rústico y silencioso, cuando se representa sin la figura humana (o esa en apenas como detalle de la composición).

Nota de color: paisaje con figuras. Valencia, 1880-1884.

Nota de color: Alameda. Valencia, 1880-1884.

Las pinturas de paisajes de la ciudad y detalles de los bosques de Sorolla parecen representar escenas más estáticas, que fueron captadas en el tiempo en una instantánea, y allí se congelaron. Así como la tierra, la roca, en una analogía con el libro de Schama, son permanentes, sufriendo cambios sólo por la acción del hombre y, eventualmente, por los propios acontecimientos naturales, la pintura de arquitectura en el paisaje de Sorolla congela una escena, no dando espacio para explorar mucho de los sentimientos a través de la paleta de colores. Incluso cuando va a Italia y pinta este tema, parece buscar en semejanza de colores que usa para los paisajes españoles, el mensaje de que la naturaleza tiene sus propias reglas, su tradición, e impone sus límites a través de su silencio.

EL FOLCLORE Y LOS PATIOS DE LA VIVIENDA ESPAÑOLA

Del silencio de los paisajes, a la agitación y el discurso de las costumbres españolas. Cuando la "máquina de Morel" es accionada a través de un cuadro de la variedad de fiestas y costumbres españolas, la pintura de Sorolla gana un colorido impresionante, y estos colores vibran y se agitan; reflejan el dinamismo de las tradiciones alegres del pueblo español. Volviendo a la vida las celebraciones centenarias, y junto con ellas las creencias y mitos de una sociedad que valora la permanencia de una historia de luchas.
Las pinturas de escenas folclóricas suelen incluir algún detalle de la arquitectura de las ciudades en las que están insertadas, sean ventanas y puertas, estructuras de la construcción, o incluso la pavimentación. La ciudad integrada con la tradición folclórica, ambas creadas por el hombre.
Las fiestas españolas, que son muchas por toda España, suelen involucrar profundamente a todo el pueblo, representando momentos de celebración de la tradición, fruto de la interpretación de eventos marcados que son pasados de generación a generación. Sorolla retrata con bastante énfasis los detalles de los trajes y de los movimientos que caracterizan cada tema.
A diferencia de las escenas puras de paisajes, estas son dinámicas. Sin embargo, se asemejan al paisaje en el sentido que no se cambia la paleta a su gusto. Hay reglas a seguir. El sentimiento es pasado por el colorido de cada escena, y por el compartir de los propios sentimientos que cada personaje demuestra en las pinturas con sus facciones o actitudes.

Los toreros. Sevilla.

Nazarenos. Sevilla.

Tipos de Lagartera. Toledo.

Además de las tradicionales fiestas populares, Sorolla también retrata hábitos cotidianos españoles, y uno de los más típicos es el de reunirse para conversar y picar, así como compartir tareas cotidianas, como el de coser la vela de un barco (figura 13). El español tiene el placer de compartir momentos con sus familiares, amigos y vecindad.
Conforme va aumentando el grado de una aparente libertad en la pintura proporcionada por los protagonistas, parece que esto se manifiesta en el colorido, en los matices, en los reflejos, en las sombras sutiles y áreas soleadas de las pinturas. En "Cosiendo la vela", el Sol pasa a través de un probable pergolado que hay en este corredor en el exterior; hay flores y diferentes materiales en la escena; cada personaje tiene una función y está activo en ella. Hay la tradición de las acciones colectivas, pero hay la libertad de las actitudes para realizar estas acciones ... y la pintura acompaña.

Cosiendo la vela. 1896.

Ayamonte, o La pesca del atún, 1919.

En los patios ajardinados, donde la reunión se vuelve aún más agradable envuelta por el colorido de las flores, Sorolla explora la luz y el color, añadiendo la arquitectura más libre creada por el hombre. Parece clara la fascinación de Sorolla por la naturaleza, sin embargo, adquiere diferentes matices de libertad de acuerdo con el nivel y tipo de participación de las personas en las escenas. En su serie de pinturas donde retrata los jardines de Andalucía, principalmente el Alcázar de Sevilla y los de Alhambra de Granada. En el sitio de la exposición "Un jardín para pintar", Sorolla valoró la combinación de la arquitectura y la vegetación, el colorido de las flores, la sensualidad de sus aromas, y la presencia constante del agua, el rumor de las fuentes y el fascinante efecto de los reflejos en las quietas aguas en los pequeños estanques".

Jardim de Alcazar de Sevilla.

Jardim de Alcazar de Sevilla.
Jardim de Alcazar de Sevilla.

La naturaleza al servicio del hombre, retratada en los jardines, no es silenciosa como la naturaleza abierta de los campos y las montañas. Ella tiene el movimiento de la luz, de los matices de los colores, y de la participación del ser humano, que es ruidoso por sí solo. La arquitectura insertada en estas ocasiones, parece ser un punto de refuerzo del carácter tradicional que el hábito trae consigo.

LA PLAYA

Es en la playa donde Sorolla parece ejercer el máximo de su libertad de representación. La naturaleza, en la playa, es indomable. Al mismo tiempo que tiene sus propias reglas, es libre. Es el hombre que tiene que adaptarse a ella. Se puede incluso crear algunos blandos, barreras y artificios para evitar el avance del mar y la agresividad de las olas, pero cuando el mar quiera, él avanzará. La playa es la máxima libertad. Y los personajes también son libres en la playa. Libres para pasear, para andar a caballo, para sentarse en las piedras y admirar el movimiento natural de las olas, incluso libre para desnudarse el cuerpo como quien desnuda el alma, librándose de todo tipo de tradición que la ropa puede imponer .
Es en su colección de pinturas de la playa, donde Sorolla también solía veranear, que se percibe el máximo de su libertad de expresión a través de los efectos de luz, de los reflejos y de las transparencias impresionantes que cambian los colores y las formas del cuerpo humano.
Es en la playa donde la luminosidad máxima del Sol, sin las sombras de edificios y árboles, puede revelar, como consta en el libro de Israel Pedrosa, "el color inexistente": los blancos de las ropas pueden tornarse azulados; los azules del mar pueden convertirse en violetas; la piel blanca se vuelve rosada o morena; el reflejo de los barcos, verde.

Niños en la playa.

Caballo en la playa.

Paseo en la playa.

CONCLUYENDO...

La ciudad española de Sorolla parece revelarse a través de la manera como la naturaleza y el hombre se relacionan con las tradiciones, o la ausencia de éstas.
Mientras las tradiciones llevan consigo siempre cierto grado de formalidad -los paisajes con castillos y murallas, retratos del tiempo inmortalizado, son los más rígidos, el mar representa la parte de la ciudad donde la naturaleza es indomable, informal y libre.
Así como Simon Schama relaciona la naturaleza con la historia de la humanidad, en los paisajes de Sorolla la naturaleza es un elemento que refleja la formalidad o informalidad de las realizaciones y relaciones humanas.
Al traer las tradiciones españolas a sus pinturas, Sorrola "acciona la máquina de Morel", trayendo de vuelta a la vida y perpetuando escenas, comportamientos y sentimientos de los pueblos españoles.
La ciudad española, bajo la óptica del dedicado artista Joaquín Sorolla, es tan variada cuanto son las relaciones humanas: formal o informal, según cada situación exige.


Ese texto es parte de un trabajo de investigación realizado por mí en el curso de Máster en Historia del Arte, en la Universidad del Estado de Santa Catarina - UDESC.

REFERENCIAS Y FUENTE DE LAS IMÁGENES: 

SCHAMA, Simon. Paisagem e Memória. São Paulo: Companhia das Letras, 1995.
CASARES, Adolfo Bioy. A invenção de Morel. São Paulo: Cosac Naify, 2006.
http://ceres.mcu.es/ (acceso en 11 de julio de 2017)
http://www.mecd.gob.es/msorolla/colecciones/colecciones-del-museo.html (acceso en 11 de julio de 2017)
http://www.avilaturismo.com/es/que-saber/historia-y-patrimonio (acceso en 12 de julio de 2017)
http://www.europeana.eu/portal/es/record/2022703/oai_euromuseos_mcu_es_euromuseos_MSM_00719.html (acceso en 15 de julio de 2017)
http://agenda.obrasocial.lacaixa.es/es/-/sorolla-un-jardin-para-pintar-expo (último acceso en 30 de julio de 2017)

martes, 26 de marzo de 2019



Arte, artesanía, sostenibilidad, técnica, tradición, trabajo en conjunto son sustantivos inherentes a la arquitectura indígena.

En la aldea no se hace competencia, ni se disputa acerca de la mejor oca (como se llaman las casas indígenas). Todas son buenas. Cada una tiene su función, pero todas con igual importancia. Algunas son dignas de mayor reverencia, misterio y cuidado, como la casa del Cacique (el jefe de la tribu). Pero todas obtienen el mismo respeto de la tribu.

Los pueblos nativos de esta tierra, los indígenas, son en muchos aspectos un gran ejemplo para nosotros, los "civilizados" de las ciudades.

En la arquitectura, logran agregar aspectos técnicos y artísticos de una forma maravillosa. Las construcciones, que se repiten de generación en generación en técnica y forma, siguen el ritmo de la vida en la aldea, los colores de la naturaleza, se alzan en armonía con el medio ambiente que las rodea.

Bajo la mirada de un hombre acostumbrado a convivir con esta cultura entonces ... hummm ... adquieren una nueva forma, un nuevo significado que tal vez pasara desapercibido incluso por los propios constructores y moradores de estas obras de arte.

Aldea Kamayurá, Xingú, 2011.

Como nos cuenta el fotógrafo Renato Soares a respeto de algunas de sus fotos:

La casa del Xingu está hecha de maderas y cubierta por sapé (una paja típica brasileña).
Suelen tener en media 6 metros de aura y dos aberturas. Una para el patio de la aldea y otra para los fondos de la aldea que es la parte donde existen los caminos que llevan al río y las rozas familiares. En su construcción no existe un clavo ni siquiera.

Renato Soares ya estuvo y todavía estará por decenas de veces entre tribus xinguanas (de la reserva indígena que está ubicada en el centro de Brasil, el Xingú), conviviendo, registrando y trayendo para nosotros, los menos afortunados que no podemos estar allí, las imágenes de las bellezas de los pueblos que viven la verdad. Dice Renato que el indio no sabe mentir. Esto se ve en la propia arquitectura: es sincera, pues dice para qué sirve, y sólo oculta temporalmente al miembro que está de resguardo por los propios rituales. Usa solo el suficiente, y se sustituye cuando muy necesario.

La arquitectura es casi toda cerrada. Sí, porque la vida sucede la mayor parte del tiempo por ahí. La oca para descanso, para el ritual concentrado, para la protección.

La simplicidad indígena nos inspira. Y su libertad nos constriñe. La integración con la naturaleza de la arquitectura indígena es nuestro llamado a la reflexión sobre lo que hemos hecho en nuestras ciudades, y con lo que estamos haciendo con el planeta.

Disfruta ahora de algunas imágenes, obtenidas con permiso del autor, sacadas de su website Imagens do Brasil:

Oca en construccion en la aldea Waurá, Xingú, 2013.

Niños juegan en las estructuras de una oca en construcción. Xingú, 2016.

La estructura de una oca en construcción - aldea Waurá, Xingú, 2013.

El amanecer en la aldea. Xingú.

La aldea - las ocas son organizadas en círculo, dejándose grande pátio central en el cual se realizan las fiestas y varios rituales. Xingú.

Caminando hacia el pátio - aldea Kamayurá, Xingú, 2002.

Aldea Waurá, Xingú.

La gran oca.

Noche mágica en la aldea. Xingú.

Fiesta de la Taquara en la aldea Yawalapiti, Xingú.
Los colores que celebran la vida y la memoria en sus fiestas y rituales. Xingú.

La indígena Jandáia Pataxó en ritual de purificación. Xingú.

Etnia Bororo, Xingú.
Las plumas y pieles solo son obtenidas de los animales para las fiestas y rituales, en perfecta armonía con medio ambiente, como suele ser en las reservas indígenas brasileñas.
Crédito de las imágenes: mis muchas gracias a mi amigo, el fotógrafo Renato Soares.
Imagens do Brasil
http://imagensdobrasil.art.br/

domingo, 17 de febrero de 2019


Delante de algunos desafíos presentados por la vida, a veces damos voz por algunos momentos a las dificultades, pero a continuación las dejamos al margen y seguimos adelante impulsados por una fuerza la cual no nos damos cuenta desde donde viene, tampoco cual es el combustible que la alimenta. Otras veces nos derrumbamos delante de una barrera muy compleja para aquel momento de vida que estamos pasando y necesitamos de una mano compasiva que nos rescate.
Eduard Toda pintado en azulejos, y en oleo sobre lienzo, ambas en el Castillo.
Eduardo Toda (1855 – 1941) es el ejemplo de hombre que tuvo un gran desafío en el principio de su vida, pero no le dio la importancia que muchos de nosotros tal vez  lo habríamos dado, y decidió mirar a lo bueno que se le ofrecía, y tirar adelante retos impresionantes, lo que le permitió dejar un legado maravilloso para el arte y la ciencia. De muchas de sus calidades, yo, particularmente, destaco la valentía y el sentido de levedad con que debía de mirar la vida. Me da la impresión que Eduard Toda tenía la convicción de que todo siempre le saldría bien al final.

Su padre no le quiso reconocer. Su madre (soltera, en una época en que esa situación podría generar mucha discriminación y rechazo) se encargó de su educación y supo ponerlo en contacto con personas influyentes de la sociedad catalana en su día, y a través de la atención a la educación de calidad, Toda tuvo, desde muy joven, las puertas abiertas para el desarrollo de sus sueños, deseos y talentos.Y por sus logros, nunca miró al pasado con cualquier tipo de tristeza, resentimiento, o dolor.
Eduard Toda disfrazado de momia, y con compañeros egiptólogos (el segundo, a partir de la izquierda) hacia 1916.
Fotos libres de derechos.
Se graduó como bachiller en Artes en 1869, dominaba siete lenguas, fue licenciado en Derecho civil y canónico, estudió la cultura egipcia, la china, la filipina y la japonesa. Fue diplomático, vicecónsul en la colonia portuguesa de Macao, viajó por muchos países y se destacó como investigador de la cultura egipcia, siendo considerado el primero egiptólogo catalán. La oportunidad que la vida le regaló, que era la bonanza financiera, Toda la supo aprovechar plenamente, convirtiendo el dinero en más dinero, en conocimiento de gran importancia que compartió con el mundo, y que al final le dieron credibilidad y fama entre aquellos que le impulsaron aún más. Fue elegido vicepresidente y, más tarde, presidente, de la Comisión provincial de monumentos, presidente de la Real Sociedad Arqueológica Tarraconense, miembro de la  Junta de Museos de Barcelona, recibió diversas medallas y condecoraciones por parte de los gobierno de China, Camboya, Siam, Portugal, Dinamarca y Francia. Escribió diversos libros, y fue mecenas de arte.
Vista aérea del conjunto. Créditos: By SBA73 - Flickr: Escornalbou des de Santa Bàrbara / Escornalbou Abbey, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=16831492
Al año de 1911, Eduard Toda adquirió las ruinas del antiguo monasterio de Escornalbou, y pasó a dirigir su restauración. Vivió allí por muchos años, en donde pudo distribuir por las diferentes estancias sus colecciones y los miles de libros que recaudó a lo largo de su vida. Entre la rica colección también se encuentran grabados, cerámicas, muebles y piezas que Toda había reunido en sus viajes.El conjunto arquitectónico que él reformó y amuebló con tanta diversidad de estilos y objetos, es el reflejo de la gran aventura que vivió Eduard Toda.
Partes de la decoración de las habitaciones del Castillo.
Azulejos y cerámicas del Castillo.
Decoración muy variada.
Eduard Toda amuebló con la decoración típica de una casa señorial del siglo XIX.
Pintura mural en el interior de la bodega, la cual cuenta una leyenda.
Actualmente el conjunto denominado Castillo y  Monasterio de Escornalbou nos permite conocer como era una mansión señorial de principios del siglo XX, y parte de una iglesia románica. El conjunto está formado por los restos de dos edificios medievales: el monasterio de Sant Miquel, fundado en 1153, y un castillo, construido encima de los restos de una fortaleza romana.
Fue en 1170 que el rey Alfons I donó el castillo a Joan de Santboi, canónigo de Tarragona, que encargó la construcción de una iglesia dedicada a Sant Miquel. Cuenta la leyenda que el propio arcángel encabezó la lucha contra los musulmanes en 1162 a favor de los cristianos La iglesia fue consagrada solo en 1240.
Fachada oeste de la iglesia románica.

Interior de la iglesia románica - poniente y levante (izquierda-derecha de la imagen).
Del antiguo monasterio solo se queda la iglesia románica, algunos restos de la sala capitular y la estructura del claustro, que se convirtió en un mirador-jardín con vistas al Campo de Tarragona.
De todo lo que se quedó, Eduard Toda dio una interpretación arquitectónica muy particular, olvidando las recomendaciones e indicaciones de Puig i Cadafalch, famoso arquitecto catalán de la época. Se derribaron construcciones, se levantaron torres de un exótico estilo medieval y se reconvirtieron espacios para adaptarlos a las necesidades y gustos del propietario.
Sala capitular con imagen de la Virgen del Libro.
Desde el patio del antiguo claustro se tiene acceso a la Sala Capitular.
Portal de acceso e interior de la Sala Capitular.
Visión desde el antiguo claustro.
Antiguo cementerio.
La ubicación de la construcción es preciosa! Es inspiradora, con unas vistas hermosas que se puede ver desde sus más de 500 metros de altura en la montaña, con 360o de paisajes de bosques de quitar el aliento.
Paisaje desde el antiguo claustro.
Las colecciones de Toda son un capricho personal de ese hombre que supo usar sus recursos financieros para valorar el arte, el conocimiento, la artesanía y la cultura de muchos países.
Ya estuve por dos veces allí, y como pasa en todo lugar que posee una historia de lucha y valentía por detrás, me siento inspirada por ese hombre que supo aprovechar con coraje, valor y personalidad las oportunidades que un mundo tan diverso puede presentar.

Fotos: Arq. Maria Pilar Arantes

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