viernes, 22 de enero de 2021

Por el tercer año consecutivo un relato mío ha sido seleccionado en un concurso literario internacional, "Premis Literaris Constanti", que tiene por galardón la publicación de la obra en un libro, juntamente con los relatos de otros participantes seleccionados entre los 581 inscritos

Estoy doblemente contenta, porque además de obtener ese reconocimiento, podré dejar registrado una historia más de mi familia. En los dos concursos anteriores relaté hechos de mi familia paterna brasileña. En ese último concurso conté la saga de mis abuelos españoles que salieron de España en los años de 1951 hacia Brasil, en busca de una mejor calidad de vida para ellos y sus tres jóvenes hijos. Esa es una historia verdadera de una pequeña parte de la vida de unos inmigrantes españoles.

¡Adelante!

Cartel del concurso cuyo tema en ese año fue "Relats d'historia".


IR Y VOLVER

Mi madre siempre ha tenido miedo a viajar en avión. Un día me contó que fue por el viaje de España a Brasil en el año 1951 en el cual, mientras sobrevolaban el océano Atlántico, el avión pasó por una fuerte tormenta y se sacudía con las turbulencias, se movía arriba y abajo como en una montaña rusa y por la ventanilla se podían ver los temibles rayos que causaban terror a una niña de solo once años que nunca había viajado en aquel medio.

El avión habría de cruzar 9.382 km desde Francia, donde hizo una escala después de despegar de Madrid, hasta São Paulo, distancia máxima que los aviones más modernos para la época conseguían alcanzar. Antaño, los aviones transportaban entre 60 y 100 pasajeros, a diferencia de los actuales que pueden llevar hasta 360 personas y volar sin escalas durante 12.700 km.

Aterrizaron el día 12 de marzo de 1951 en el aeropuerto de São Paulo, región sureste de Brasil.

Empezarían de cero.

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Miguel Diez Gutiérrez (hijo de Tertuliano y de Maria de las Candelas) y Manuela Gandullo Salvador (hija de Manuel y de Consuelo) se casaron el 23 de abril de 1936, en la provincia de Madrid, donde ya vivían desde solteros y continuaron viviendo hasta el día que dejaron su tierra natal.


Fotografía de la boda en 1933 y del Libro de Familia.
 

Del matrimonio nacieron tres hijos, aún en España: Miguel, Pilar (mi madre) y Ángel Carlos. Eran una familia muy unida y feliz, pese la dificultades vividas en una época turbulenta de España. Me acuerdo perfectamente de como se iluminaba el rostro de mi madre cuando me contaba algunos de sus recuerdos de infancia: —¡Éramos tan felices!— hablaba con énfasis una y otra vez, contando que el abuelo les despertaba en las madrugadas frías de invierno cuando nevaba. —¿Que los niños tienen que dormir? Sí, claro, pero primero ¡a ser feliz viendo caer la nieve en la noche oscura!— Así era abuelo: miraba la belleza de la vida con tantas ganas que ni la tristeza ni las dificultades ni las normas ni tampoco la muerte eran capaces de nublar cualquier momento de felicidad.

En el barrio de Ciudad Jardín, en Madrid, ya casados, vivieron durante un tiempo con los bisabuelos, los padres de mi abuela. El bisabuelo Manuel era un hombre muy activo, criaba caracoles en patio trasero de la casa y tal vez de ahí venga la influencia para que abuelo haya criado tantos animalitos distintos a lo largo de su vida: gusanos de seda, peces, canarios, gallinas… De niña me regaló el canario “Tiquinho” que vivió 12 años y cuyo canto yo sabía reproducir con exactitud y lo recuerdo hasta el día de hoy (creo que es de ahí de donde viene mi gusto por silbar).

En el año 1937, a los ocho días del mes de julio, nacía el primer hijo de la pareja, mi tío Miguel Diez Gandullo. Y solo un año y diez días después de tan hermoso suceso estalló la guerra que se extendería hasta el 1º de abril de 1939 y que cambiaría el destino de mis abuelos y sus descendientes para siempre. Empezaron días muy duros y oscuros para la mayoría de la población española.

Mi madre Pilar con 9 años y mi tío Ángel Carlos con 4 años, aún en España.


Vivir se convirtió en un desafío diario para el abuelo y la abuela. Había escasez de alimentos y se impuso un racionamiento a la población. Mi abuelo tenía que caminar varios kilómetros, una vez a la semana, hasta un cuartel donde le donaban tres sacos de pieles de patatas que la abuela cocinaba intentando sacar el máximo provecho. Una vez al mes tenían derecho a una botella de un litro de aceite. En cierta ocasión, embarazada de su primer hijo, la abuela se resbaló mientras sujetaba la preciada botella y, para no dejar que se cayera y se rompiera, se dejó caer con su enorme vientre al suelo y salvó el valioso líquido. El dolor era menor que el miedo al hambre.

Mi abuela era la que más sufría. Décadas más tarde, los nietos vimos en su rostro y en su salud cómo le pasó factura todo aquello. Nos contaba que, durante los bombardeos, cuando oía las sirenas de advertencia, seguidas del terrible sonido de explosiones, algunas veces lejanas y otras más cercanas, sentía como si su piel se fuera despegar de la carne. Cercano el final de la guerra, muy próximo de donde vivían, a menudo había ejecuciones en medio de la calle. Los muertos quedaban tendidos allí mismo durante todo el día para ejemplo (y terror) del resto de ciudadanos.

La guerra llegó a su final en 1939, once días después del nacimiento de mi madre. La posguerra no les devolvió la tranquilidad de antaño. Un país dividido ideológicamente, destrozado moral y físicamente se convirtió en un lugar poco seguro para vivir. Las dificultades continuaban y se asomaban a las ventadas de las casas más humildes. Las cartillas de racionamiento contribuían a dividir aún más a la población, puesto que las había de primera, de segunda y de tercera categoría en función del nivel social y del tipo de trabajo del cabeza de familia. El hambre azotaba las espaldas de la población. Y al hambre no puedes pedirle que espere a que todo mejore.

Los años pasaban y el escenario no era favorable. Oleadas de españoles empezaron a salir de su país hacia otros que no se habían involucrado en la guerra y uno de ellos era Brasil. ¡Qué tierra tan lejana! Pero con muchas promesas, oportunidades y puertas abiertas. Algunos parientes de mis abuelos fueron primero y las noticias que llegaban desde el Nuevo Mundo eran muy buenas, así que abuelo decidió que ellos, los cinco miembros de la familia, también iban a empezar vida nueva en aquel país tan grande. Vendió todo lo que tenían y eso fue lo justo para comprar los billetes y nada más. Cada uno llevó consigo una sola maleta con sus pertenencias.

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En el aeropuerto de São Paulo, la mayor ciudad de Brasil, sin saber hablar portugués, el abuelo tenía que coger algún taxi que los llevara hasta la casa de su cuñado, Saturnino Scudero, que había llegado años antes. ¿Pero cómo pagar el traslado si no tenía dinero para el trayecto? Mi abuelo se acercó a un taxista y le dijo que no tenía dinero, pero que necesitaba llegar al barrio donde estaba su familia. La bienvenida de aquel país vino en forma de un hombre compasivo. Al ver a los cinco inmigrantes, de los cuales un niño de siete y una niña de 11 años, además del jovencito adolescente de 13, el taxista se ofreció a llevarlos sin cobrar. Volvieron a encontrarse años más tarde; el abuelo quiso pagarle, pero la moneda deseada por el antiguo taxista fue la amistad, que se mantuvo durante el resto de sus vidas.

Manuela y Miguel, mis abuelos fotografiados en el patio de su casa en São Paulo, Brasil.


El abuelo llegó a Brasil con una promesa de empleo. Pronto empezó a trabajar en los Diarios Asociados como fotograbador, profesión escasa en el país y muy valorada. Una de las labores del abuelo era colorear fotografías, originalmente en blanco y negro. Trabajó en el mismo oficio y lugar hasta jubilarse. Cuando pienso en su profesión la veo como un reflejo de su forma de vivir: él ponía color en todo. A su lado reíamos mucho y siempre había una palabra de esperanza que salía de su boca. Sus manos llevaron el color donde no lo había y su vida nos enseñó que se puede ser feliz en cualquier lugar del mundo cuando tienes un corazón lleno de gratitud.

Mi abuelo coloreando una fotografía antes en blanco y negro.

Tarjeta de filiación al sindicato de la categoría profesional en la cual trabajó hasta su jubilación.


Mantener una familia de cinco personas no es tarea fácil. Así que la abuela también tuvo que encontrar un trabajo y fue en una fábrica de medias donde pasó muchos años metiendo las manos dentro de las medias calientes que recién habían salido de los moldes. Mi madre me contaba que con sus doce o trece años cuidaba de su hermano más pequeño mientras mi abuela trabajaba. Cuando se aproximaba la hora de la llegada de la abuela, mi madre duchaba a Carlitos, le ponía su ropa limpia y planchada lo sentaba en el muro de la casa esperando a su mamá. A la abuela le alegraba mucho ver que sus hijos habían superado con éxito y felices un día más. El hijo mayor pronto llegaría también, pues a sus catorce años ya había encontrado trabajo. Todos se ayudaban y apoyaban mutuamente.

Mi abuela tuvo que dejar su trabajo en la fábrica de medias. La diferencia térmica que experimentaban sus manos tocando las medias calientes y después el aire frío hacía que con frecuencia se pusiera enferma. Su salud ya era débil cuando vivía en España. Allí, en algún momento de la guerra tuvo contacto con el virus de la Hepatitis C, que hasta entonces no había sido descubierto, y solo lo fue después de su fallecimiento. El virus le atacaba el hígado, causándole muchos dolores y debilidad. Mi abuelo pasó a ser también amo de casa, haciendo todo tipo de labores del hogar como lavar, planchar, limpiar, además de continuar trabajando como fotograbador. Pero la abuela no se rendía y hacía todo lo que podía y no dejaba de cocinar. ¡Ah!, que recuerdo más hermoso tengo de su rosto feliz cuando la iba a visitar y me recibía con las exquisitas chuletas de cerdo a la plancha y un dulce melón de postre (¡los melones de São Paulo son los mejores del mundo!).

Mis abuelos en la misa por su 50 aniversario de boda, en São Paulo, Brasil. 


No les sobraba el dinero, pero no les faltaba de nada. Me acuerdo de lo bueno que era ir con ellos al mercado municipal. Allí freían los mejores “pastéis” (una especie de empanada con masa muy fina y con algún relleno —mi preferido era de queso—), vendían quesos, frutas, carnes e incluso animalitos vivos como mascotas. Un verdadero mundo para una niña. Íbamos en el escarabajo de abuelo, modelo de choche que lo acompañó durante toda su vida en Brasil. La abuela, pequeñita de cuerpo, se sujetaba en el mango del panel delantero del pasajero en los antiguos modelos del choche y, para que pudiera estar más cómoda y segura, el abuelo le puso un trozo de madera bajo sus pies para que se pudiera apoyar. El ruido del motor, el olor del plástico de los asientos y el humo del escape aún los puedo sentir. Cuando crecí un poco más y les iba a visitar (iba con frecuencia, pero vivíamos en otra provincia a 500 km de ellos) siempre le limpiaba el coche. Cuando alguien le ofrecía para limpiarlo, contestaba: “No hace falta, lo hará Pilarín en cuanto venga.”

Los hijos de mis abuelos crecieron, se casaron y les dieron nueve nietos. Entre nosotros, los primos, la forma de vivir de nuestros abuelos dejó su huella: estábamos unidos, éramos amables los unos con los otros, nos reíamos mucho y jugábamos incansablemente. Éramos la imagen de una vida llena de levedad, pasara lo que pasara.

Mis abuelos con sus 8 nietos. Falta Ana Paula que nacería 4 años después de esa foto.

Mi abuela y yo con 1 año y medio, en mi casa en Porto Alegre, Rio Grande del Sur, Brasil.


Los abuelos habían comprado una casa de dos pisos en el barrio de la Lapa, São Paulo, donde vivieron hasta el fin de sus días. Mi abuelo se jubiló y se dedicó totalmente a cuidar de mi abuela, que falleció en 1986. La abuela nunca quiso volver a España, ni siquiera de visita. Decía que tenía recuerdos muy duros y que Brasil era ahora su patria. Ambos amaban aquel joven país. Jamás dejaron que los hijos o nietos hablaran mal de la tierra que les acogió y les permitió tener una vida feliz y próspera. Murieron felices en la tierra que los acogió.

De jovencita yo sabía muy poco sobre España, pero amaba aquella tierra porque era para mí tan dulce, feliz, tierna, buena, fuerte, amable y divertida como lo eran mis abuelos. Crecí con el anhelo de ir a vivir allí un día.

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Siempre me encantó viajar en avión. ¡Y a mi hijo Pietro más! Los aviones son seguros y el viaje es toda una aventura con sus comidas, películas en la pantalla individual, sin contar las escalas en los aeropuertos de otros países que siempre nos proporcionaban alguna experiencia gastronómica. Es la sensación de percibir un hermoso lado de la libertad.

Vendimos todo y el dinero fue suficiente para los dos billetes de ida y para poder mantenernos al menos durante tres años. Cada uno llevábamos dos maletas, dos de ellas contenían libros míos. Mi hijo Pietro aceptó con naturalidad dejar todas sus pertenencias para vivir una gran aventura (lo era para un adolescente de 13 años). Yo, Pilar, percibí cuantas cosas había acumulado a lo largo de mis 48 años y que nada de eso me haría falta de verdad.

Aterrizamos el día 6 de agosto de 2017 en el Aeropuerto Josep Tarradellas de Barcelona-El Prat.

Empezamos de cero.

FIN (pero la historia no se acaba aquí...)


sábado, 19 de diciembre de 2020

 


Hoy me gustaría atraer su atención para el placer y la importancia de estar siempre aprendiendo. Cualquier persona debería pasar su vida imponiéndose nuevos desafíos de aprendizaje: es lo que afirman los neurocientíficos cuando hablan de salud mental y neurológica, y también en cuanto a la capacidad creativa. 

Sea en la formación escolar, en la formación profesional o ya en la vida laboral lo que realmente queremos es que además de buenas personas, seamos capaces de cambiar y mejorar la realidad cotidiana y alcanzar el placer en nuestro trabajo, y la felicidad durante el mayor tiempo posible. 
Como arquitectos y diseñadores de interiores en algún momento decimos que estamos proyectando sueños, y sobre todo que deseamos ser creativos y en los diferenciar con nuestros proyectos, sorprender, encantar y, quienes sabe entrar para la historia de nuestra categoría por las contribuciones que hicimos. 

¿Pero cómo podemos pretender alcanzar eso sin ser a través de la imposición a nuestro cerebro de nuevos desafíos, de la ampliación de nuestras experiencias y de nuestro nuestra capacidad intelectual?
La buena noticia es que los neurocientíficos afirman que los cambios neurobiológicos son posibles a lo largo de toda nuestra vida. Ellas son el resultado de que nuestro cerebro sea plástico en diferentes escalas y de que está reorganizándose continuamente debido a las experiencias vitales. Nuestro cerebro nos brinda con nuevas posibilidades en todas las edades. Esta capacidad cerebral de adaptarse y aprender se llama NEUROPLASTICIDAD, y es lo que nos permite formar nuevas conexiones de neuronas y fortalecer o debilitar otras ya existentes. (GUILLÉM, 2017)

Como cada una de nuestras experiencias tiene un impacto singular, la plasticidad hace que podamos liberarnos de los determinismos genéticos y que cada cerebro sea único. (MORA, 2008)


Como profesionales del área creativa llega un momento de nuestra vida que parece que casi todo ya fue creado, discutido e inventado, y como un pintor delante de la pantalla en blanco o un escritor delante de la hoja de papel vacía cuesta enamorarnos de nuestras creaciones, y en nuestra área eso duele en nuestra alma. No significa que cada proyecto tengamos que alcanzar el pico creativo como una línea ascendente vertiginosa, pero sin dudas seremos profesionales más satisfechos, agradaremos más a nuestros clientes y contribuiremos más con la sociedad cuando podamos, de tiempos en tiempos, dar un salto en nuestro desarrollo.


Para eso solo hay un camino: desenvolver nuevos intereses, estudiarlos sistemáticamente y experimentarlos. Para el profesional de las áreas de creación, los que buscan conceptos, todo contacto con el nuevo puede ser fuente de inspiración: saber más sobre determinada cultura, estudiar asuntos transversales (como la neurociencia para profesionales fuera del área médica), volver a estudiar historia del arte de una forma no convencional, estudiar un nuevo idioma, estudiar más profundamente correctos temas dentro de su área profesional (por ejemplo cálculo estructural u otros temas que arquitectos y diseñadores no siempre se ocupan con profundidad; medioambiente y sostenibilidad, una área muy amplia pero que puede dar un nuevo rumbo a nuestras elecciones de materiales).


La cultura en la que vivimos, como la lengua materna que hablamos, cambia la forma en que percibimos el mundo. La inmersión en una cultura cambia los patrones cerebrales con los que se procesa la información. (MORA, 2008)


Esta afirmación del profesor Francisco Mora en su libro se basa en un minucioso estudio de análisis de cómo asiáticos y occidentales centraron su atención en la visión de una pintura. Los asiáticos centran su atención en el contexto global del motivo de la pintura, es decir, en el fondo y la relación entre personas y objetos. Los occidentales, por otro lado, se enfocan principalmente en las formas y detalles de personas o animales que aparecen en primer plano, prestando menos atención al contexto o fondo del campo visual. Es una forma de mirar muy diferente, ¡es como otra perspectiva!


Reafirmando lo anterior, una forma muy interesante de crecer profesionalmente es vivir en otro país. Recordemos a tantos artistas famosos que vivieron en tres o cuatro países diferentes y desarrollaron allí nuevas experiencias artísticas que impactaron la historia. Pero no todo el mundo puede hacer eso. Entonces, ¿por qué no trabajar en cooperación con un arquitecto o diseñador extranjero? Si todavía te parece difícil, entonces aprovecha el tamaño de Brasil y trabaja, si estás en el Sur, por ejemplo, con un profesional del Norte o del Nordeste. ¡Imagínese cómo puede cambiar la forma en que pensamos y hacemos nuestro trabajo!

Proyecto de Zaha Hadid: Hoxton Square, Londres 2006. Fuente: www.zaha-hadid.com


La arquitecta iraní Zaha Hadid (1950-2016) se educó en Bagdad, Suiza y Gran Bretaña. Regresó al Medio Oriente para estudiar matemáticas, y luego de completar este curso se fue a Londres a estudiar arquitectura. Es mucho terreno recorrido, mucho coraje y mucha experiencia de vida..., pero resultó en lo que todos sabemos de sus obras. Fue la primera mujer en recibir el Premio Pritzker (2004) de arquitectura. 


Existen innumerables materias dentro de nuestra área profesional que podemos estudiar, incluso aquellas que creemos que ya conocemos. Recuerde que la misma categoría de información cuando es traída por otra mente puede cambiar completamente la vista que tenía. Pero estudiar otros temas distintos, ya sean más técnicos o artísticos en otras áreas, también amplía nuestra capacidad neurológica y, en consecuencia, nuestra visión. 


Últimamente también he estado leyendo mucho sobre las diferentes líneas de la psicología. Los psiquiatras Carl Gustav Jung y Sigmund Freud dieron gran importancia a las imágenes y los sueños como mecanismos de expresión del subconsciente. A través de sus planteamientos que adapté al interiorismo, pude haber ratificado mi teoría sobre el uso de imágenes aleatorias para ayudar a descubrir el perfil estético del cliente y como mecanismo para desarrollar una conversación que haga que el cliente se relaje y se abra para mostrar sus deseos. inconsciente para un proyecto, fuera de la influencia de las modas. 


En mi anterior entrada en ese blog hablé sobre Biofilia. Ese es un tema que surgió hace décadas, pero que hoy es urgente que lo conozcamos con más profundidad. Creo que es un gran comienzo comenzar a sumergirse en un nuevo estudio. Otros temas, sostenibilidad y neurociencia también son siempre útiles en cualquier área. 


¡Buenos estudios!



Bibliografía:

MORA, Francisco. Como funciona el cerebro. Madrid: Alianza Editorial, 2002.

MORA, Francisco. El científico curioso – la ciencia del cerebro en el día a día. Madrid: Ediciones Planeta, 2008.

QUIROGA, Rodrigo Quian. Qué es la memoria. Barcelona: Editora Ariel, 2018.

AGAMBEN, Giorgio. O homem sem conteúdo. Belo Horizonte: Autêntica Editora, 2013.

GUILLÉM, Jesús C. Neuroeducación en el aula – de la teoría a la práctica. CreateSpace Independent Publishing, 2017.


martes, 24 de noviembre de 2020

 


Este texto fue traducido a partir del artículo que escribí para el portal de arquitectura ArqSC.


Somos un diseño más en la historia de la Madre Naturaleza.

Esta afirmación puede dañar nuestro ego, considerando cuánto nos hemos desarrollado en comparación con otros ocupantes de este planeta. Pero eso es lo que somos: un diseño que se destacó, pero que sigue dependiendo de otras formas de vida que no dependen de nosotros, pero a la cuales podemos hacer mucho daño. A cambio de ese daño, ellas nos pagan con paz, equilibrio, belleza, comida y salud siempre que las necesitemos, consciente o inconscientemente. La naturaleza trata continuamente de romper el ciclo dañino que "nos causamos nosotros mismos cuando le hacemos daño" ... ¡es casi una paradoja! Nos alejamos de la naturaleza sin darnos cuenta década tras década, y nos aislamos cada vez más en espacios cerrados, hasta el punto de que pasamos el 90% de nuestro día en interiores artificiales (según la OMS). Nos llaman “Generación Interior”, y lo peor: nos enfrentamos a la triste realidad de que pasamos mucho tiempo viviendo en espacios física y mentalmente insalubres y antinaturales.


Muchos de nosotros estamos comprometidos con crear o rescatar conocimientos multidisciplinares para aportar equilibrio en los espacios construidos. Áreas de conocimiento como la neurociencia, la psicología y la biología forman la base de la terminología BIOFILIA, cuyo concepto cambia con los tiempos y con las nuevas tecnologías. La etimología de la palabra es philia (amor) y bio (vida): amor a la vida, amor a lo vivo y es una forma espectacular de lograr el equilibrio. Aplicada a la arquitectura y al diseño de interiores, la Biofilia también adopta un “pariente” derivado de la neurociencia: la neuroarquitectura.


Según la arquitecta mexicana Jimena Fernández, socia de una oficina especializada en proyectos en los que se aplican conceptos de Biofilia (www.spacemex.com), esa se aplica en diseño de interiores utilizando conocimientos de tres áreas interdependientes: la física y la biología, la psicología y la ciencia de la cognición.

Xylem Pavilion, Parque Nacional de Yellowstone, Montana, EUA. Kéré Architecture. Francis Kéré diseñó el pabellón Tippet Rise, inspirado en las estructuras sagradas de madera y paja de Toguna en las comunidades Dogon en África Occidental. Ubicado en un bosque de álamos adyacente a Grove Creek y el campus central del Xylem Art Center, está construido con pino ponderosa y sostenible, de origen local y tiene un dosel de troncos vertical que filtra los rayos de luz en las áreas. de descanso. (fuente: www.kere-architecture.com)

Otros importantes despachos de arquitectura y diseño de todo el mundo están recurriendo a conceptos de Biofilia y adaptándolos gracias a los estudios de la neurociencia para realizar proyectos que transformen los ambientes en espacios saludables, es decir, generadores de salud, curadores, espacios que aumentan el estado. conciencia y confianza de los usuarios; que respetan la diversidad social y cultural (por ejemplo, los proyectos del arquitecto africano Francis Kéré).

Otros, hace décadas e incluso siglos, ya han sentido la necesidad de plasmar los patrones de la naturaleza en el papel y han erigido edificios que son verdaderas obras maestras. Analiza la Basílica de la Sagrada Familia (Antoni Gaudí, iniciada en 1882 e inconclusa) en Barcelona y la Iglesia de la Sainte Chapelle (1248) en París y verás como la naturaleza puede manifestarse en la arquitectura religiosa a gran escala y de formas tan diferentes.

A la izquierda: Art Nouveau Hotel Tassel enm Bruxelas (Victor Horta, arquitecto, 1893). A la derecha: interior do metrô de Nova York. (fonte: Wally Gobetz através de Flickr).

Llevar la naturaleza a los espacios interiores no se limita a incluir solo vegetación. De hecho, incluso utilizando el concepto de Biofilia, hay espacios que no tienen plantas, pero que siguen siendo ricos en referencias visuales de la naturaleza percibidas de forma consciente o inconsciente. Por esta razón, la Biofilia aplicada al diseño también se conoce como la “segunda naturaleza”.


Nuestro cerebro es capaz de reconocer patrones en la naturaleza que están grabados en nuestra memoria. Cuando reproducimos ciertos diseños, texturas y proporciones que están presentes en las formas de la naturaleza a escala micro o macro, inconscientemente somos transportados a una sensación de bienestar natural. Un ejemplo de esto es la secuencia de Fibonacci, que está presente en un número infinito de formas en la naturaleza y fractales. El profesional debe tener este conocimiento. Los revestimientos de suelos, paredes y techos ayudan mucho en este sentido, reproduciendo patrones que nuestro cerebro reconoce en la naturaleza, sin ser necesariamente algo figurativo como una hoja o flor, sino también las formas abstractas que se generan en la naturaleza como los fractales.

Los fractales son estructuras geométricas naturales. Tienen auto-fragmentos similares, lo que significa que se ven y se replican en diferentes tamaños. A menudo se encuentran en las regiones de contacto entre dos sustancias, ya sea por desgaste o para promover intercambios entre ellas. En la imagen, varios fractales presentes en las mareas en la naturaleza. (fuente: https://www.nationalgeographic.com.es/mundo-ng/hector-garrido-el-fotografo-que-amaba-la-geometria-fractal-y-donana-2_9873/15)

Nuestro cerebro necesita colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, violeta y todos terciarios, no necesariamente todos juntos. ¿Hay algún lugar en la naturaleza donde nadie esté presente? Incluso en los polos, donde aparentemente reina el hielo blanco, se puede apreciar el azul del cielo. Los colores están presentes en la naturaleza y varían según las horas del día, según el ciclo de vida de los seres vivos y los parques.


La Biofilia también está presente cuando reproducimos aromas, sonidos y texturas naturales en los ambientes: agua, rincón de árboles, sonido de árboles en el viento, olor a tierra, pasto cortado, flores y diferentes aromas.


La vegetación interior debe ser algo mucho más que un simple efecto decorativo. Dentro del concepto de Biofilia, para que el usuario realmente interactúe con el verde, las plantas deben tener una función práctica y el usuario debe involucrarse en su cuidado. De esta forma es posible diseñar pequeños jardines, cultivar árboles en mazos, en definitiva, involucrar al usuario en el cuidado del individuo y que ambos se beneficien de esta colaboración.




La empresa Mohawk Group (www.mohawkgroup.com) crea colecciones con diseños basados ​​en patrones de diseños inspirados en los fractales, y para agregar a sus productos parte de la esencia de la naturaleza que el ser humano reconoce instintivamente. Colección Fractals Relaxing Floor. (fuente: www.mohawkgroup.com

En el artículo titulado "Diseño basado en la naturaleza: el nuevo verde", encontramos información sorprendente sobre los patrones fractales: "Hay muestra que las geometrías irregulares y autosimilares que ocurren en todos los lugares naturales tienen un papel importante que jugar en la creación de entornos construidos que contribuyen al desempeño y bienestar humanos, como dijo Lance Hosey, director de sustentabilidad en la firma de arquitectura RTKL y autor de The Shape of Green: Aesthetics, Ecology, and Design: “Hemos respondido de manera dramática a este estándar que podría reducir los niveles de estrés hasta en un 60 por ciento, solo por estar en un nuevo campo de visión ”. Sugiere incorporar formas fractales, particularmente aquellas que se refieren a los patrones formados por la limusina, ramas y ramas de acacias en la sabana africana, siempre que sea posible, proyectos textiles, arquitectónicos o proyectos de mobiliario que detallen formas similares que se repiten en las diferentes escalas son una cualidad de la naturaleza que el ser humano considera estimulante y relajante ”.

Librería M. I. ubicada en Harbin, China, cuyo diseño se inspiró en las montañas del Gran Khingan. Proyecto de oficina de arquitectura HMA. (fuente: https://www.elledecor.com/es/diseno)

Numerosos estudios han demostrado la importancia del concepto de Biofilia cuando se aplica a espacios críticos como, por ejemplo, los hospitales. La arquitecta brasileña Marilice Costi (www.marilicecosti.com.br) también nos habló de ella en su libro “La influencia de la luz y el color en los pasillos y salas de espera de los hospitales”, EDIPUCRS, 2002, que los familiares redujeron su nivel de ansiedad a lo largo de la espera cuando las áreas comunes tenían color, iluminación planificada, elementos naturales como acuarios y plantas, entre otras estrategias. Otros estudios con pacientes hospitalizados demuestra que se curan antes y necesitan menos medicación cuando se encuentran en ambientes donde hay una presencia real o sugerida de la naturaleza y donde hay abundancia de luz natural.


Los principios de la Biofilia aplicados a los espacios interiores pueden reducir la posibilidad de que los trabajadores desarrollen un "agotamiento". Las personas son más creativas y productivas cuando están felices, lo que nos lleva a la conclusión obvia de que las empresas deberían querer trabajadores felices. La Biofilia aplicada en proyectos comerciales tiene un potencial inmenso e increíble para llegar a muchas personas en poco tiempo.


La diseñadora Rosalyn Cama (https://www.camainc.com/) dice que muchas veces en sus conferencias hace una encuesta rápida entre los presentes, pidiéndoles que piensen en una situación estresante a la que han sido sometidos en los últimos días. Luego, los desafía a pensar adónde huirían para escapar de esa situación estresante. El resultado que ha observado durante años es que el 95% de las personas dicen que quieren escapar a un lugar al aire libre. En su opinión, "representar las preferencias humanas por un hábitat natural en un entorno urbano a través de la imitación es el siguiente paso lógico en un movimiento de ecodiseño".


El International Journal of Environmental Health Research 2011 recopiló los resultados de varias disciplinas diferentes para desarrollar 12 "recomendaciones de contacto basadas en evidencia sobre la naturaleza" con el fin de "crear lugares saludables". Entre ellos se encuentran: cultivar suelos naturales para ver, mantener jardines medicinales, aceptar animales en el interior, iluminar las habitaciones con luz natural brillante, proporcionar una vista clara de la naturaleza en el exterior, exhibir una fotografía de la naturaleza o un arte realista de la naturaleza. Es un desafío difícil pensar en cómo los arquitectos y diseñadores pueden incorporar creativamente todo esto en el proyecto.


Como arquitectos siempre nos preguntamos: ¿cuál es el futuro de la arquitectura y cuál es nuestra responsabilidad como profesionales? Con nuestros proyectos, queremos ayudar a crear sociedades más empáticas, justas y felices. La Biofilia es un camino que promueve la conectividad entre las personas, la naturaleza y la espiritualidad, a través de soluciones aplicables desde el urbanismo hasta el diseño de productos. Estas soluciones están alineadas con nuestros instintos naturales y permiten que las personas se sientan bien, trabajen mejor y más felices.


Si la investigación en neurociencia ya ha demostrado los beneficios de los principios de la Biofilia para los seres humanos, ¿qué esperamos poner en práctica en nuestros proyectos lo que nuestro cerebro evolucionó durante miles de años nos pide que hagamos? ¡Abramos nuestras mentes, estudiemos más sobre el tema y manos a la obra! Nuestros genes buscan profesionales para abrazar esta causa.


Recomendaciones de lectura e investigación, además de las referencias citadas en el texto:
  • Libros del matemático Nikos A. Salíngaros, reconocido por su trabajo en teoría urbana y arquitectónica, filosofía del diseño. (también hay varios videos tuyos)
  • Libros de Stephen R. Kellert, profesor de ecología social en la Escuela de Estudios Forestales y Ambientales de Yale (F&ES), cuya investigación y redacción han aumentado la comprensión de la conexión entre los seres humanos y el mundo natural. En uno de sus libros "Proyecto biofílico: la teoría, la ciencia y la práctica de dar vida a los edificios", presentó una lista de seis elementos del diseño biofílico y 72 atributos del diseño biofílico que crean una pauta para quienes buscan lograr un proyecto biofílico. en un entorno de edificio moderno.
  • Oficina del arquitecto colombiano Trino Sánchez: ww.arquint.net
  • Textos y entrevistas de Linda Sorrento, reconocida diseñadora de interiores estadounidense.
  • Sitio web del estudio de arquitectura británico Hopkins Architects: https://www.hopkins.co.uk/
  • Observar la obra del arquitecto catalán Antoni Gaudí es también sumergirse en los principios de la biofilia a través de sus estándares biomórficos.
  • Mira este delicioso video con imágenes de fractales formados por las mareas:  Armonia fractal de Doñana y las marismas






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