domingo, 30 de enero de 2022

Patrimonio natural. ¿Qué patrimonio es más importante, que aquel que garantiza la vida? Ella es la condición principal para que pueda existir vidas en otros planetas. Por eso, y por todos los bellos paisajes que nos proporciona, merece ser celebrada. ¡El agua!

Yo la celebro, y celebro también el cuarto año consecutivo en que un relato mío es seleccionado en ese concurso literario para, junto a otros 39 escritores, conformar un libro muy entretenido, lleno de buenas historias. Este año participaron alrededor de 500 relatos.

En ese relato presento una mezcla de realidad y ficción. El mito de la creación del hombre, de acuerdo con la cosmovisión de la tribu de los Kamaiurás existe y es así, como cuento en la obra, que aquel pueblo lo celebra y difunde verbalmente en la tribu a través de miles de años. El contexto en el cual el protagonista Pere se encuentra es de mi imaginación, pero no está muy lejos de lo que realmente ocurre en aquella comunidad. ¡Ojalá, después de leerlo, tengas ganas de incorporarte a la tribu de los que respetan el agua!

Leyenda de la foto de portada:
Mi hijo y yo en el jardín de nuestra casa, en Florianópolis, Brasil, 2013.
Celebrando el Día de los Indígenas en Brasil.

CELEBRACIÓN PARA LAS AGUAS

Mi padre, Guillem, era un antropólogo de la Universitat Oberta de Catalunya. Dirigía una investigación sobre los pueblos originarios de Brasil que se llevaba a cabo en la región central del país, solar de una cultura que existe desde hace más de 12.000 años: los Kamaiurás, una división del pueblo Tupi Guarani que, en su día, antes de la llegada de los navegantes del Viejo Mundo, fue un único y gran grupo étnico. Mi nombre es Pere, en aquel momento contaba quince años y le acompañaba en aquella aventura. Papá creía que sería una gran experiencia para mí… y no se equivocaba.

Las aldeas indígenas solo quitan la vegetación del espacio justo para sus ocas y para el patio donde hacen las celebraciones y rituales. La selva y los ríos son lo que los mantienen vivos y felices.


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Me resulta difícil de describir con palabras cómo transcurrió el primer día en la aldea. Todos estaban desnudos: hombres, mujeres, niños, ancianos. Me aterraba la idea de tener que desnudarme también, pero pronto me percaté de que aquellas personas ya sabían que las costumbres de los blancos eran distintas y nadie nos pidió que actuáramos como ellos. Me impresionó esa muestra de respeto hacia mí. Nadie me miraba de manera diferente, aunque demostraban curiosidad, principalmente los niños y los jóvenes, que no paraban de invitarme a ir con ellos al bosque. Mi padre me había advertido de que no me alejara mucho y, sobre todo, que hiciera caso a los avisos de todos ellos, incluso a los jóvenes y niños. Me explicó que ellos no poseían en su cultura el concepto de la mentira. No hacían bromas que pudieran ser confundidas en futuras ocasiones con algo serio, por ejemplo, gritar: “¡cuidado, serpiente!”, cuando no la había porque sabían que la selva estaba llena de desafíos y no podían perder a nadie por una tontería así. 

— Los indígenas genuinos no mienten, Pere — siempre me recordaba papá.

A pesar de conocer algunas palabras en castellano, pues en cierta ocasión anterior recibieron la visita de otro antropólogo español, Iaê, mi agradable compañía indígena en Xingú durante aquellos 14 días, tenía dificultad en pronunciar mi nombre y la única fonética que identificaba de Pere era precisamente la “p”. Debido al aspecto impoluto y blanco de mi piel (como ella misma parecía decirme a través de gestos), Iaê me rebautizó como “Pindí”, que en su lengua significa claro o limpio.  Con ella descubrí realmente un nuevo mundo; no solo en relación con la forma de vivir tan sencilla y autosuficiente, sino con otro que conocía muy poco: el mundo espiritual y trascendente.


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Indígena bañándose. Etnia Kamaiura. Foto: Renato Soares - Imagens do Brasil

Nunca me había bañado en un río, ¡y nunca me había bañado tanto! La diversión preferida de los niños y jóvenes kamaiurás es jugar en el agua, algo que hacían 3 o 4 veces al día.

Me quedaba hipnotizado con la visión de la hermosa Iaê jugando en el agua. Sus cabellos largos, de un negro profundo, brillaban como un cielo estrellado cuando emergía del agua con una sonrisa discreta, revelando una felicidad distinta de todo que yo había visto. Tenía la impresión de que Iaê elevaba una pequeña oración al entrar y al salir del agua, veía sus labios de color granate moverse sutilmente mientras sus manos acariciaban la superficie serena del río.

—Iaê, ¿qué dices cuando entras y sales del agua? —le pregunté por medio de gestos. Iaê se agachó, volvió a tocar el agua, me miró sonriendo y, con las pocas palabras que conocía me dijo en mi idioma:

—Hoy, noche, celebrar madre agua. Pindí entender.

Volvimos a la aldea. Era como la plaza mayor de un pueblo cualquiera, solo que alrededor del patio de tierra, en vez de construcciones de ladrillos, había “ocas”, unas viviendas de estructura de bambú y cobertura de paja hechas por los hombres, diáfanas en su interior, donde familias compartían el mismo espacio y dormían en hamacas hechas a mano por las mujeres. Reinaba una paz y alegría que jamás había experimentado.

Oca y centro de la aldea. Etnia Kamaiura. Foto: Renato Soares - Imagens do Brasil


Las ocas están hechas con estructura de bambú y paja como cobertura.
Etnia Kamaiura. Foto: Renato Soares - Imagens do Brasil

Papá se acercó a mí y percibió que mi cara había cambiado. Había levedad en mi mirada, me decía:

—Estamos de suerte, Pere. Hoy asistiremos una celebración muy importante que ocurre una vez al año, en la que el jefe de la tribu, el “cacique”, cuenta la historia de la creación del hombre de acuerdo con el relato de sus ancestros, para que las nuevas generaciones lo puedan conocer y los demás jamás lo olviden.

Era de noche y encima de nuestras cabezas se estaba desatando un espectáculo de estrellas como nunca había visto, ni siquiera en aquellas acampadas que había hecho con mis padres en las montañas de mi Cataluña natal. La tribu estaba reunida en el patio de tierra, sentada alrededor del cacique, con una resplandeciente hoguera y todos estaban hermosamente ataviados con plumas, collares y pinturas corporales de color rojo y negro. Iaê estaba preciosa, tanto que papá tuvo que avisarme de que el gran jefe empezaba a hablar. Papá sería el intérprete que me posibilitaría disfrutar del relato más impactante que jamás he escuchado hasta el día de hoy y que iba a cambiar mi vida para siempre.

—Cuando aún no existían los seres humanos, poblaban la tierra nuestros primeros abuelos. Ellos eran el pueblo árbol, el pueblo pájaro, todos los parientes animales y nuestros ancestros las estrellas.
Entre esas estrellas había una diosa llamada Iamaritsunã, que un día, al mirar hacia la Tierra desde donde estaba, se enamoró profundamente de una pequeño filete plateado que relucía en el corazón de un lugar sagrado.

Iamaritsunã cayó del cielo y se unió a aquel pequeño filete de plata y al integrarse en él se convirtió en la vida misma, en Morená, la generatriz de tres grandes ríos: el Ronuro, el Xingú y el Coliseu, a partir de los cuales se originaron todos los demás que conocemos.

Morená era tan maravillosa que llamó la atención del propio Creador, que bajó a la Tierra  y se convirtió en el primer hombre, llamado por nuestro pueblo “Mavutsinin”. Enamorado, Mavutsinin puso sus manos dentro del corazón de Morená y de allí sacó, de aquella inmersión en las aguas que formaban el propio cuerpo de Morená, una concha palpitante.  Mavutsinin sopla la concha y Morená se convierte en la primera mujer, quien, unida a Mavutsinin, genera las primeras tribus, a la humanidad.

—¡Escuchad! —dijo alzando la voz el anciano que parecía en éxtasis— Somos hijos de Morená, hijos de las primeras aguas que también generaron los manantiales.

Jamás había escuchado a un relato tan lleno de pasión. Iaê se percató de mi curiosidad y acercándose a mi padre y a mí por fin me pudo explicar por qué se sentía tan feliz en el agua. Papá proseguía con su labor de intérprete traduciendo para mí las dulces palabras de Iaê.

—Para la cultura ancestral Kamaiurá, el agua es la madre de todas vidas. Como somos parte de esa vida recibimos herencias genéticas y espirituales que forman nuestra forma de ser hasta hoy. Una de esas herencias es la habilidad de sentir, de emocionarse, de tener afecto, de amar y de enamorarse. La madre agua, la que genera y mantiene todas las formas de vida, también nos impulsa hacia otras cualidades que son parte inherente del ser humano como la salud, la armonía, la abundancia... todo es parte inagotable de cada célula de nuestro cuerpo, desde el principio, desde aquella primera pasión que empezó todo.

Los Kamaiurás reconocemos todo eso y retribuimos a nuestra madre todo aquello que ella nos regala haciendo básicamente tres cosas: una de ellas es la celebración, una fiesta para las aguas. Otra es jugar dentro del agua, regocijándonos por su presencia. La tercera es dando las gracias a las aguas, a través de cantos y danzas.

El agua es la fuente de toda la vida, la fuente divina, verdadera y consciente de si misma. Nuestro vínculo con las aguas ha estado presente desde que la vida es vida y jamás se acabará.

Entendí aquel mensaje de sabiduría y por algunos momentos me avergoncé de mi mismo. ¿Cuántas veces había despilfarrado agua o maldecido el agua muy fría de la ducha o muy caliente de un té que me quemaba los labios? El hombre blanco de la ciudad se olvidó de su madre, le dio la espalda.

Entendí que los antiguos sabios Kamaiurá ya esperaban que eso pudiera pasar porque una de las tendencias del ser humano es dar la espalda a sus padres. Por eso, determinaron que cada cierto tiempo era necesario volver a mirar hacia sus orígenes y venerarla para que su alma no se volviera cruel.

Al terminar el relato toda la tribu empezó un ritmado baile al sonido de sus instrumentos y cantos embriagadores. Me sentía como fuera de mi cuerpo. Ya no era el mismo. Había sido transformado por aquella experiencia espiritual.

La despedida de aquel gran y sabio pueblo no fue fácil para mí, pero a pesar del dolor que sabía que sentiría por echarlos en falta, volvía a casa con un propósito absolutamente claro en mi mente, alimentado por aquella experiencia.

La pintura corporal y los adornos como collares y cocares son un parte importante de su identidad.
Etnia Kamaiura. Foto: Renato Soares - Imagens do Brasil

Cuando concluí mi grado en energías renovables en la UOC ya tenía estructurada la ONG que dirijo hasta el día de hoy y que se llama “Celebración para las aguas”. Llevamos proyectos de concienciación sobre el uso del agua, soluciones para la reducción de su consumo, descontaminación de ríos y lagos, preservación de manantiales y, principalmente, intentamos que la gente aprenda a rendir homenaje a la madre agua a través del respeto y la gratitud por la vida que nos da.

El agua no es un producto, no es un comercio, no es un negocio. Es la fuente de la vida. Esa memoria debe estar siempre entre nosotros en cada vaso de agua que bebemos, en cada ducha que nos damos.

¡Celebremos el agua! ¡Celebremos la vida!








sábado, 22 de mayo de 2021


El perro está durmiendo hace un buen rato. Me acerco a su cuello y huelo. Exhala un olor que para mí se asemeja al olor natural de los bebés. Todos los perros tienen ese olor cuando duermen. Me relajo…el perro me parece tan entrañable durmiendo…tierna mi corazón…y lo quiero más.

Juego con la gata. Tiro de un lado al otro su pequeño ratoncito de peluche atado a una cuerda y ella lo persigue. Lo atrapa. Lo muerde como a una presa y sale con el bichito entre los dientes, contenta con su victoria. Pero quiere más y lo suelta. Repito la operación. Ahora cambia el juego y quiere luchar contra el ratoncito. Se remueve toda alrededor de si misma enseñando los pequeñitos dientes, meneando el culito para saltar…lo atrapa y se pone una cara de malita que podría comerla a besos y achuches. Siento varios minutos de alegría, placer y relajación. A veces se me escapan algunas lágrimas.



En la tela enseñan como hacen las ruedas de los skates. Las hay varias entre coloridas y transparentes. Inmediatamente me recuerdo de mis 9-10 años, cuando mi hermano montaba sus propios skates y tenía una gran variedad de ruedas de colores fosforescentes que me encantaban. El olor de la goma, la sensación visual de los colores, la textura…siento un placer que me cambia la cara y el ánimo…me siento tan feliz...

Me voy a la cama y empiezo a oír un audio libro. El narrador tiene una voz grabe y suave. Percibo que tiene la boca un poquitín seca lo que hace con que se escuche un leve ruido de fondo cuando su lengua toca su paladar. Me relaja profundamente…imagino como será este hombre…¿muy mayor? Recuerdo a mi padre. Me relajo más…duermo antes del final de la historia, sintiéndome agasajada porque me han leído una historia. Duermo feliz.

Nunca había visto un hongo tan grande brotar de una grieta de un árbol. Tiene un forma magnífica…lo toco…es como el terciopelo. Lo huelo…huele a tierra mojada. Me acuerdo de mi padre: “¡Inhalad fuerte, niños, porque la primera lluvia hace con que se desprenda mucho ozono!” Sus colores van del beige al marrón oscuro. Me gusta esa gama de tonos, tengo muchas prendas de vestir así. Me siento integrada a la naturaleza.


Recuerdo el olor y de la textura del pelo de mi hijo. Recuerdo el perfume Chanel nº 5 que usaba mi madre y que entraba por la puerta de casa al volver del trabajo cuando yo era niña. Siento el olor de las camisas de mi padre, y hoy en día lo siento en las mías. Me recuerdo del olor de la casa de mis abuelos, de su coche. Y muchos más. Basta con que cierre los ojos y me concentre. Y puedo ser otra vez feliz.

Escucho a alguien ser amable con otra persona, una persona humilde. La trata con tanta dignidad que mi corazón late lleno de emoción y dulzura, mis ojos se contraen y se mojan…y vuelvo a creer en la bondad de los hombres. Siento tanta gratitud…aprendo de él.

Mis cinco sentidos van comandando mi día. Percibo tantas cosas…¡qué afortunada soy! Los detalles, desde los más concretos a los más abstractos van añadiendo sentido a mi vida.

Y hay el sexto sentido: la intuición. Ese sentido no lo puedo comandar como a mis ojos, los cuales puedo dirigir hacia lo que me interesa. La intuición viene para enseñarme cosas buenas y cosas malas, cosas que me alegran y otras que me dan miedo. Sé que actúa a mi favor y es mi aliada en la lucha por la supervivencia, o al menos para desviarme de mucho dolor. Deseo conocerla más y mejor. Estoy en ello. Quiero reconectarme a mi esencia, a mi alma más pura y original y ser como los pájaros que saben el momento exacto en que deben dejar sus hogares y viajar miles de kilómetros para continuar su jornada terrenal.

Deseo que mi cuerpo y mi alma vivan en total armonía y paz con la sinestesia a mi favor.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Algunas voces nunca callan y solemos atribuir esta característica tan humana a algunos elementos inanimados. Las piedras que componen los edificios antiguos, por ejemplo, nos hablan de las técnicas de construcción y el ingenio de los hombres desde hace miles de años; el viento nos dice qué esperar de los cielos, si lluvia o sequía y a menudo nos grita para advertirnos de las herejías que hemos cometido contra la naturaleza, y cuando sacuden los árboles pueden cantar las canciones más impresionantes. Los ríos nos dan lecciones de resiliencia y paciencia que han inspirado a los filósofos orientales y occidentales más famosos. Particularmente, las voces que más me sorprenden salen de la “boca” de los colores.
A lo largo de la historia de la humanidad hemos buscado colores para expresar diferentes sentimientos, pensamientos e intenciones. Presente desde que el hombre encontró la manera de expresarse, el rojo fue el primer color utilizado, luego el negro. Están presentes en las cuevas de Altamira, España, y en Lascaux, Francia, desde el Paleolítico superior hace aproximadamente 12.000 años. Nuestro ADN fue impregnado por la información procedente de los colores.

Pintura de bisonte en la cueva de Altamira, España. (Fuente: pixabay)


Como se indica en la introducción al libro “Los lenguajes del color” del publicista y escritor hispano-mexicano Eulalio Ferrer (1921 – 2009):

Todo cuanto rodea al hombre es color: de la sinfonía de la naturaleza, a la metáfora contenida en los decires de su lenguaje. El hombre mismo es color, desde la piel de su cuerpo y las claves genéticas de su identidad. Cita, aún no concluida, de los enfrentamientos racistas, como si pudiera olvidase que todos los seres humanos tienen el color rojo de la sangre que les hermana por encima de agresiones y prejuicios. En ese “cara o cruz” del destino humano, sujeto a las carambolas de lo imprevisible, juego misterioso en el que los colores nacen y se dan, se concilian y se separan, coinciden y se alejan.” (FERRER, 1999)

 

  
La porcelana de Sèvres y sus azules especiales. Colección del Museo del Prado, Madrid.


Los colores siempre han estado presentes visual y metafóricamente en la vida humana. Adquieren significados simbólicos en diferentes culturas. El tono de un color puede definir su origen geográficamente o caracterizar un determinado diseño. Como ejemplo tenemos la amplia gama de azules que existen. El azul de Prusia se caracteriza por tonos negruzcos y oscuros, pero también se le conoce como azul de París, que se obtuvo en el siglo XVIII y está considerado como uno de los pigmentos tonales que componen la denominada “sombra de Tiziano”. Está el azul de Sèvres, un azul oscuro moderado correspondiente al esmalte aplicado a diversas porcelanas elaboradas en las fábricas de Sèvres hacia 1755. En el “Diccionario AKal del Color” hay 525 entradas para designar solo las distintas denominaciones y composiciones que pueden tener un azul (todo el libro tiene 1050 páginas dedicadas al color). 


LOS COLORES ALREDEDOR DEL MUNDO

El filólogo y catedrático de la Universidad Rovira i Virgili de Cataluña, el doctor Xavier Rull, y la estudiante de filología hispánica Hajar El Housaini, se preguntan en su más reciente libro: “¿Por qué los colores se llaman a sí mismos como se llaman?”. Realizan un análisis lingüístico sobre el origen de los nombres de los colores en diferentes culturas como marroquí, alemán, inglés, ruso, griego, árabe, turco, húngaro, japonés, portugués, español, catalán.


Yendo más allá, podemos preguntarnos: ¿y por qué de un color se llama de una manera y no de otra? El nombre del color naranja es evidente de donde viene: la fruta que tiene este color. Pero en casos como azul, amarillo o rojo ya no es tan claro ... ¿Cuál debe ser el origen de estas palabras? Aún más: como es que en castellano de América del rojo también se dice colorado? Acaso todos los astros colores no son coloreados? ¿Por qué un color en concreto tiene el honor de recibir el nombre de colorado y los astros no son llamados con formas semejantes? (Por ejemplo, para que el amarillo no se llama brillante, también?). ¿Qué tiene el rojo que lo hace más preeminente (al menos a los ojos de los castellanohablantes)? (HOUSAINI e RULL, 2020, pg. 14, traducido del catalán por la autora de este artículo)


En todos los ámbitos de la vida humana, los colores adquieren significados peculiares. Eulalio Ferrer investiga el significado simbólico de los colores en las religiones, en la literatura, en la poesía, en la pintura, en la música, en la política, en la moda, en la publicidad y en varias otras extensiones como el zodíaco, las supersticiones, la psicología, la medicina, la cromoterapia, higiene y salud, perfumería, entre otros.


 
Los colores alrededor del mundo adquieren distintos significados. (Fuente: pixabay)


Finalmente, los colores son un mundo paralelo dentro del cual también transitamos y estamos influenciados por él en todo momento, consciente o inconscientemente. Por tanto, adquirir continuamente más conocimiento sobre el significado de los colores es algo que nos permite interactuar mejor con el mundo que nos rodea, y es imperativo para los profesionales que se ocupan directamente de este elemento, como arquitectos, interioristas, publicistas, entre otros.

No debemos privarnos de la presencia de colores en ambientes interiores donde pasamos muchas horas al día (alrededor del 80% de nuestro tiempo, según la OMS). Y cuando me refiero a los colores, hablo desde la perspectiva de la física que dice que el color es “radiación electromagnética de longitud de onda específica” emitida por la luz solar o luz artificial de calidad y captada por los receptores ópticos del ojo, y que se percibe como color cuando afecta a la materia. Estos son el azul, rojo, amarillo, naranja, verde, violeta y su terciario, dentro del grupo de colores-pigmento, y todas sus variaciones tonales (celeste, azul oscuro, etc.). Los otros colores conocidos como blanco, negro, gris y marrón no aparecen en el círculo cromático básico de los colores-pigmento dentro del concepto de física porque no tienen una radiación electromagnética de longitud de onda específica, pero aún así tienen una importancia simbólica significativa para el ser humano.


  
La presencia del color verde cambia la percepción espacial. (Fuente: libro Fundamentos de estética en diseño de interiores, de Maria Pilar Arantes)

Los ambientes completamente blancos, grises y negros pueden evocar sentimientos oscuros, tristeza y apatía a lo largo del tiempo de exposición sin que el habitantes de aquel espacio pueda darse cuenta de que provienen de allí tales sentimientos. Los ambientes totalmente beige pueden generar monotonía visual. Estos colores se consideran “neutros” precisamente por la imparcialidad, la indiferencia o simplemente la falta de estimulación cerebral. Hay que tener cuidado con el exceso y la falta de colores del círculo cromático. Y para ello es fundamental conocer qué tipo de sensación psicológica pueden provocar los colores dentro de nuestra cultura.


EL MIEDO A USAR LOS COLORES

Dependiendo de algunos factores, es posible que tengamos miedo de usar los colores que componen el círculo de colores básico. Este miedo aumenta en proporción al área cubierta y al nivel de exposición social que tendrá la persona en la comunidad de la que forma parte. Es decir, en la decoración de interiores donde hay paredes, techos y suelos que son grandes extensiones, el miedo a utilizar colores en estas superficies es mayor tanto por el nivel de exposición al que se ve sometida la persona a ese estímulo específico, como por la presión que la moda y los convencionalismos ejercen sobre el individuo que, por temor al juicio de los demás, prefiere ubicarse, literalmente, en el punto neutro (en colores neutros).

Para resolver el conflicto entre “lo que me gusta y quiero” y “lo que la moda y los demás me dicen” basta con utilizar el concepto más fundamental sobre el nivel de influencia que un color puede tener en el usuario de un entorno: cuanta más cantidad, mayor influencia .

En mi libro “Fundamentos de la estética en diseño de interiores” explico que cuando clasificamos los componentes de la decoración en superficies grandes, medianas o pequeñas, también indicamos el grado de influencia que tienen las áreas coloreadas en los usuarios del entorno. Es decir, grandes superficies revestidas del mismo color, gran influencia de este en la persona. El término "influencia" también puede reemplazarse por "impacto" (tanto visual como psicológico). Por ejemplo, una pared tiene mucho más impacto visual que un solo cojín.

Basta pensar en estos dos aspectos, la superficie revestida y la tonalidad, que ya tenemos dos de los conocimientos más básicos para no dejar nunca de llevar colores a los ambientes internos. De esta forma se pueden respetar los gustos y vivencias personales, sin privar a la persona del poder comunicativo que tienen los colores. Negar colores a la experiencia visual es crear un ambiente opuesto al natural para el ser humano.

Eulalio Ferrer comenta:


Física y anímicamente, el ser humano se ve afectado e influenciado por los colores que lo rodean a la hora de articular sus referentes convencionales. Por eso, desde los mitos y leyendas primitivas hasta las teorías modernas de la conducta humana, se ha intentado explicar el significado de los colores. (...)
El clima de colores es tan humano como el aire que respiramos, ya sea en la pantalla del televisor, en la discoteca, en el sanatorio, en la ropa, en el arte, en la ciencia, en la plaza pública ... El latido, el ritmo de los colores pueden ser similares al latido del corazón, cuya sangre tiene el color de la vida, prolongada en los encantos visuales y perpetuos de la naturaleza. Hay colores ligados a la adrenalina y otros a la conciliación y al sueño. (FERRER, 1999)


Los colores están presentes en los más bellos poemas de amor, rebeldía, contemplación. Para terminar con el mismo clima nostálgico al que nos llevan los colores, les comparto una poesía de Rubén Darío, poeta, periodista y diplomático nicaragüense (1867-1916) en la que el uso del color como metáfora y medio expresivo se distribuye deliciosamente en cada uno de los versos.



Ponte el traje azul, que más

conviene a tu rubio encanto.

Luego, Mía, te pondrás

otro, color de amaranto,

y el que rima con tus ojos,

y aquel de reflejos rojos,

que a tu blancor sienta tanto.

En el obscuro cabello

pon las perlas que conquistas;

en el columbino cuello

pon el collar de amatistas,

y ajorcas en los tobillos

de topacios amarillos

y esmeraldas nunca vistas.

 

 

Bibliografía:

ARANTES, Maria Pilar. Fundamentos de la estética en diseño de interiores. Tarragona: MSPublishers, 2020.
FERRER, Eulalio. Los lenguajes del color. México: Instituto Nacional de Bellas Artes, 1999.
RULL, Xavier; El Housaini, Hajar. Per què dels colors en diem como en diem? El món cromàtic des d’una òptica lingüística. Tarragona: MMV Edicions; Universitat Rovira i Virgili, 2020.
SANZ, Juan Carlos; Gallego, Rosa. Diccionario Akal del color. Madrid: Ediciones Akal, 2001.




viernes, 22 de enero de 2021

Por el tercer año consecutivo un relato mío ha sido seleccionado en un concurso literario internacional, "Premis Literaris Constanti", que tiene por galardón la publicación de la obra en un libro, juntamente con los relatos de otros participantes seleccionados entre los 581 inscritos de esta última edición.

Estoy doblemente contenta, porque además de obtener ese reconocimiento, podré dejar registrado una historia más de mi familia. En los dos concursos anteriores relaté hechos de mi familia paterna brasileña. En ese último concurso conté la saga de mis abuelos españoles que salieron de España en los años de 1951 hacia Brasil, en busca de una mejor calidad de vida para ellos y sus tres jóvenes hijos. Esa es una historia verdadera de una pequeña parte de la vida de unos inmigrantes españoles.

¡Adelante!

Cartel del concurso cuyo tema en 2020 fue "Relats d'historia".

Dolors Fortuny y yo en el día de las premiaciones (30/05/2021)


IR Y VOLVER

Mi madre siempre ha tenido miedo a viajar en avión. Un día me contó que fue por el viaje de España a Brasil en el año 1951 en el cual, mientras sobrevolaban el océano Atlántico, el avión pasó por una fuerte tormenta y se sacudía con las turbulencias, se movía arriba y abajo como en una montaña rusa y por la ventanilla se podían ver los temibles rayos que causaban terror a una niña de solo once años que nunca había viajado en aquel medio.

El avión habría de cruzar 9.382 km desde Francia, donde hizo una escala después de despegar de Madrid, hasta São Paulo, distancia máxima que los aviones más modernos para la época conseguían alcanzar. Antaño, los aviones transportaban entre 60 y 100 pasajeros, a diferencia de los actuales que pueden llevar hasta 360 personas y volar sin escalas durante 12.700 km.

Aterrizaron el día 12 de marzo de 1951 en el aeropuerto de São Paulo, región sureste de Brasil.

Empezarían de cero.

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Miguel Diez Gutiérrez (hijo de Tertuliano y de Maria de las Candelas) y Manuela Gandullo Salvador (hija de Manuel y de Consuelo) se casaron el 23 de abril de 1936, en la provincia de Madrid, donde ya vivían desde solteros y continuaron viviendo hasta el día que dejaron su tierra natal.


Fotografía de la boda en 1933 y del Libro de Familia.
 

Del matrimonio nacieron tres hijos, aún en España: Miguel, Pilar (mi madre) y Ángel Carlos. Eran una familia muy unida y feliz, pese la dificultades vividas en una época turbulenta de España. Me acuerdo perfectamente de como se iluminaba el rostro de mi madre cuando me contaba algunos de sus recuerdos de infancia: —¡Éramos tan felices!— hablaba con énfasis una y otra vez, contando que el abuelo les despertaba en las madrugadas frías de invierno cuando nevaba. —¿Qué los niños tienen que dormir? Sí, claro, pero primero ¡a ser feliz viendo caer la nieve en la noche oscura!— Así era abuelo: miraba la belleza de la vida con tantas ganas que ni la tristeza, ni las dificultades, ni las normas ni tampoco la muerte eran capaces de nublar cualquier momento de felicidad.

En el barrio de Ciudad Jardín, en Madrid, ya casados, vivieron durante un tiempo con los bisabuelos, los padres de mi abuela. El bisabuelo Manuel era un hombre muy activo, criaba caracoles en patio trasero de la casa y tal vez de ahí venga la influencia para que abuelo haya criado tantos animalitos distintos a lo largo de su vida: gusanos de seda, peces, canarios, gallinas… De niña me regaló el canario “Tiquinho” que vivió 12 años y cuyo canto yo sabía reproducir con exactitud y lo recuerdo hasta el día de hoy (creo que es de ahí de donde viene mi gusto por silbar).

En el año 1937, a los ocho días del mes de julio, nacía el primer hijo de la pareja, mi tío Miguel Diez Gandullo. Y solo un año y diez días después de tan hermoso suceso estalló la guerra que se extendería hasta el 1º de abril de 1939 y que cambiaría el destino de mis abuelos y sus descendientes para siempre. Empezaron días muy duros y oscuros para la mayoría de la población española.

Mi madre Pilar con 9 años y mi tío Ángel Carlos con 4 años, aún en España.


Vivir se convirtió en un desafío diario para el abuelo y la abuela. Había escasez de alimentos y se impuso un racionamiento a la población. Mi abuelo tenía que caminar varios kilómetros, una vez a la semana, hasta un cuartel donde le donaban tres sacos de pieles de patatas que la abuela cocinaba intentando sacar el máximo provecho. Una vez al mes tenían derecho a una botella de un litro de aceite. En cierta ocasión, embarazada de su primer hijo, la abuela se resbaló mientras sujetaba la preciada botella y, para no dejar que se cayera y se rompiera, se dejó caer con su enorme vientre al suelo y salvó el valioso líquido. El dolor era menor que el miedo al hambre.

Mi abuela era la que más sufría. Décadas más tarde, los nietos vimos en su rostro y en su salud cómo le pasó factura todo aquello. Nos contaba que, durante los bombardeos, cuando oía las sirenas de advertencia, seguidas del terrible sonido de explosiones, algunas veces lejanas y otras más cercanas, sentía como si su piel se fuera despegar de la carne. Cercano el final de la guerra, muy próximo de donde vivían, a menudo había ejecuciones en medio de la calle. Los muertos quedaban tendidos allí mismo durante todo el día para ejemplo (y terror) del resto de ciudadanos.

La guerra llegó a su final en 1939, once días después del nacimiento de mi madre. La posguerra no les devolvió la tranquilidad de antaño. Un país dividido ideológicamente, destrozado moral y físicamente se convirtió en un lugar poco seguro para vivir. Las dificultades continuaban y se asomaban a las ventadas de las casas más humildes. Las cartillas de racionamiento contribuían a dividir aún más a la población, puesto que las había de primera, de segunda y de tercera categoría en función del nivel social y del tipo de trabajo del cabeza de familia. El hambre azotaba las espaldas de la población. Y al hambre no puedes pedirle que espere a que todo mejore.

Los años pasaban y el escenario no era favorable. Oleadas de españoles empezaron a salir de su país hacia otros que no se habían involucrado en la guerra y uno de ellos era Brasil. ¡Qué tierra tan lejana! Pero con muchas promesas, oportunidades y puertas abiertas. Algunos parientes de mis abuelos fueron primero y las noticias que llegaban desde el Nuevo Mundo eran muy buenas, así que abuelo decidió que ellos, los cinco miembros de la familia, también iban a empezar vida nueva en aquel país tan grande. Vendió todo lo que tenían y eso fue lo justo para comprar los billetes y nada más. Cada uno llevó consigo una sola maleta con sus pertenencias.

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En el aeropuerto de São Paulo, la mayor ciudad de Brasil, sin saber hablar portugués, el abuelo tenía que coger algún taxi que los llevara hasta la casa de su cuñado, Saturnino Scudero, que había llegado años antes. ¿Pero cómo pagar el traslado si no tenía dinero para el trayecto? Mi abuelo se acercó a un taxista y le dijo que no tenía dinero, pero que necesitaba llegar al barrio donde estaba su familia. La bienvenida de aquel país vino en forma de un hombre compasivo. Al ver a los cinco inmigrantes, de los cuales un niño de siete y una niña de 11 años, además del jovencito adolescente de 13, el taxista se ofreció a llevarlos sin cobrar. Volvieron a encontrarse años más tarde; el abuelo quiso pagarle, pero la moneda deseada por el antiguo taxista fue la amistad, que se mantuvo durante el resto de sus vidas.

Manuela y Miguel, mis abuelos fotografiados en el patio de su casa en São Paulo, Brasil.


El abuelo llegó a Brasil con una promesa de empleo. Pronto empezó a trabajar en los Diarios Asociados como fotograbador, profesión escasa en el país y muy valorada. Una de las labores del abuelo era colorear fotografías, originalmente en blanco y negro. Trabajó en el mismo oficio y lugar hasta jubilarse. Cuando pienso en su profesión la veo como un reflejo de su forma de vivir: él ponía color en todo. A su lado reíamos mucho y siempre había una palabra de esperanza que salía de su boca. Sus manos llevaron el color donde no lo había y su vida nos enseñó que se puede ser feliz en cualquier lugar del mundo cuando tienes un corazón lleno de gratitud.

Mi abuelo coloreando una fotografía antes en blanco y negro.

Tarjeta de filiación al sindicato de la categoría profesional en la cual trabajó hasta su jubilación.

Mantener una familia de cinco personas no es tarea fácil. Así que la abuela también tuvo que encontrar un trabajo y fue en una fábrica de medias donde pasó muchos años metiendo las manos dentro de las medias calientes que recién habían salido de los moldes. Mi madre me contaba que con sus doce o trece años cuidaba de su hermano más pequeño mientras mi abuela trabajaba. Cuando se aproximaba la hora de la llegada de la abuela, mi madre duchaba a Carlitos, le ponía su ropa limpia y planchada lo sentaba en el muro de la casa esperando a su mamá. A la abuela le alegraba mucho ver que sus hijos habían superado con éxito y felices un día más. El hijo mayor pronto llegaría también, pues a sus catorce años ya había encontrado trabajo. Todos se ayudaban y apoyaban mutuamente.

Mi abuela tuvo que dejar su trabajo en la fábrica de medias. La diferencia térmica que experimentaban sus manos tocando las medias calientes y después el aire frío hacía que con frecuencia se pusiera enferma. Su salud ya era débil cuando vivía en España. Allí, en algún momento de la guerra tuvo contacto con el virus de la Hepatitis C, que hasta entonces no había sido descubierto, y solo lo fue después de su fallecimiento. El virus le atacaba el hígado, causándole muchos dolores y debilidad. Mi abuelo pasó a ser también amo de casa, haciendo todo tipo de labores del hogar como lavar, planchar, limpiar, además de continuar trabajando como fotograbador. Pero la abuela no se rendía y hacía todo lo que podía y no dejaba de cocinar. ¡Ah!, que recuerdo más hermoso tengo de su rosto feliz cuando la iba a visitar y me recibía con las exquisitas chuletas de cerdo a la plancha y un dulce melón de postre (¡los melones de São Paulo son los mejores del mundo!).

Mis abuelos en la misa por su 50 aniversario de boda, en São Paulo, Brasil. 

No les sobraba el dinero, pero no les faltaba de nada. Me acuerdo de lo bueno que era ir con ellos al mercado municipal. Allí freían los mejores “pastéis” (una especie de empanada con masa muy fina y con algún relleno —mi preferido era de queso—), vendían quesos, frutas, carnes e incluso animalitos vivos como mascotas. Un verdadero mundo para una niña. Íbamos en el escarabajo de abuelo, modelo de choche que lo acompañó durante toda su vida en Brasil. La abuela, pequeñita de cuerpo, se sujetaba en el mango del panel delantero del pasajero en los antiguos modelos del choche y, para que pudiera estar más cómoda y segura, el abuelo le puso un trozo de madera bajo sus pies para que se pudiera apoyar. El ruido del motor, el olor del plástico de los asientos y el humo del escape aún los puedo sentir. Cuando crecí un poco más y les iba a visitar (iba con frecuencia, pero vivíamos en otra provincia a 500 km de ellos) siempre le limpiaba el coche. Cuando alguien le ofrecía para limpiarlo, contestaba: “No hace falta, lo hará Pilarín en cuanto venga.”

Los hijos de mis abuelos crecieron, se casaron y les dieron nueve nietos. Entre nosotros, los primos, la forma de vivir de nuestros abuelos dejó su huella: estábamos unidos, éramos amables los unos con los otros, nos reíamos mucho y jugábamos incansablemente. Éramos la imagen de una vida llena de levedad, pasara lo que pasara.

Mis abuelos con sus 8 nietos. Falta Ana Paula que nacería 4 años después de esa foto.

Mi abuela y yo con 1 año y medio, en mi casa en Porto Alegre, Rio Grande del Sur, Brasil.

Los abuelos habían comprado una casa de dos pisos en el barrio de la Lapa, São Paulo, donde vivieron hasta el fin de sus días. Mi abuelo se jubiló y se dedicó totalmente a cuidar de mi abuela, que falleció en 1986. La abuela nunca quiso volver a España, ni siquiera de visita. Decía que tenía recuerdos muy duros y que Brasil era ahora su patria. Ambos amaban aquel joven país. Jamás dejaron que los hijos o nietos hablaran mal de la tierra que les acogió y les permitió tener una vida feliz y próspera. Murieron felices en la tierra que los acogió.

De jovencita yo sabía muy poco sobre España, pero amaba aquella tierra porque era para mí tan dulce, feliz, tierna, buena, fuerte, amable y divertida como lo eran mis abuelos. Crecí con el anhelo de ir a vivir allí un día.

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Siempre me encantó viajar en avión. ¡Y a mi hijo Pietro más! Los aviones son seguros y el viaje es toda una aventura con sus comidas, películas en la pantalla individual, sin contar las escalas en los aeropuertos de otros países que siempre nos proporcionaban alguna experiencia gastronómica. Es la sensación de percibir un hermoso lado de la libertad.

Vendimos todo y el dinero fue suficiente para los dos billetes de ida y para poder mantenernos al menos durante tres años. Cada uno llevábamos dos maletas, dos de ellas contenían libros míos. Mi hijo Pietro aceptó con naturalidad dejar todas sus pertenencias para vivir una gran aventura (lo era para un adolescente de 13 años). Yo, Pilar, percibí cuantas cosas había acumulado a lo largo de mis 48 años y que nada de eso me haría falta de verdad.

Aterrizamos el día 6 de agosto de 2017 en el Aeropuerto Josep Tarradellas de Barcelona-El Prat.

Empezamos de cero.

FIN (pero la historia no se acaba aquí...)


sábado, 19 de diciembre de 2020

 


Hoy me gustaría atraer su atención para el placer y la importancia de estar siempre aprendiendo. Cualquier persona debería pasar su vida imponiéndose nuevos desafíos de aprendizaje: es lo que afirman los neurocientíficos cuando hablan de salud mental y neurológica, y también en cuanto a la capacidad creativa. 

Sea en la formación escolar, en la formación profesional o ya en la vida laboral lo que realmente queremos es que además de buenas personas, seamos capaces de cambiar y mejorar la realidad cotidiana y alcanzar el placer en nuestro trabajo, y la felicidad durante el mayor tiempo posible. 
Como arquitectos y diseñadores de interiores en algún momento decimos que estamos proyectando sueños, y sobre todo que deseamos ser creativos y en los diferenciar con nuestros proyectos, sorprender, encantar y, quienes sabe entrar para la historia de nuestra categoría por las contribuciones que hicimos. 

¿Pero cómo podemos pretender alcanzar eso sin ser a través de la imposición a nuestro cerebro de nuevos desafíos, de la ampliación de nuestras experiencias y de nuestro nuestra capacidad intelectual?
La buena noticia es que los neurocientíficos afirman que los cambios neurobiológicos son posibles a lo largo de toda nuestra vida. Ellas son el resultado de que nuestro cerebro sea plástico en diferentes escalas y de que está reorganizándose continuamente debido a las experiencias vitales. Nuestro cerebro nos brinda con nuevas posibilidades en todas las edades. Esta capacidad cerebral de adaptarse y aprender se llama NEUROPLASTICIDAD, y es lo que nos permite formar nuevas conexiones de neuronas y fortalecer o debilitar otras ya existentes. (GUILLÉM, 2017)

Como cada una de nuestras experiencias tiene un impacto singular, la plasticidad hace que podamos liberarnos de los determinismos genéticos y que cada cerebro sea único. (MORA, 2008)


Como profesionales del área creativa llega un momento de nuestra vida que parece que casi todo ya fue creado, discutido e inventado, y como un pintor delante de la pantalla en blanco o un escritor delante de la hoja de papel vacía cuesta enamorarnos de nuestras creaciones, y en nuestra área eso duele en nuestra alma. No significa que cada proyecto tengamos que alcanzar el pico creativo como una línea ascendente vertiginosa, pero sin dudas seremos profesionales más satisfechos, agradaremos más a nuestros clientes y contribuiremos más con la sociedad cuando podamos, de tiempos en tiempos, dar un salto en nuestro desarrollo.


Para eso solo hay un camino: desenvolver nuevos intereses, estudiarlos sistemáticamente y experimentarlos. Para el profesional de las áreas de creación, los que buscan conceptos, todo contacto con el nuevo puede ser fuente de inspiración: saber más sobre determinada cultura, estudiar asuntos transversales (como la neurociencia para profesionales fuera del área médica), volver a estudiar historia del arte de una forma no convencional, estudiar un nuevo idioma, estudiar más profundamente correctos temas dentro de su área profesional (por ejemplo cálculo estructural u otros temas que arquitectos y diseñadores no siempre se ocupan con profundidad; medioambiente y sostenibilidad, una área muy amplia pero que puede dar un nuevo rumbo a nuestras elecciones de materiales).


La cultura en la que vivimos, como la lengua materna que hablamos, cambia la forma en que percibimos el mundo. La inmersión en una cultura cambia los patrones cerebrales con los que se procesa la información. (MORA, 2008)


Esta afirmación del profesor Francisco Mora en su libro se basa en un minucioso estudio de análisis de cómo asiáticos y occidentales centraron su atención en la visión de una pintura. Los asiáticos centran su atención en el contexto global del motivo de la pintura, es decir, en el fondo y la relación entre personas y objetos. Los occidentales, por otro lado, se enfocan principalmente en las formas y detalles de personas o animales que aparecen en primer plano, prestando menos atención al contexto o fondo del campo visual. Es una forma de mirar muy diferente, ¡es como otra perspectiva!


Reafirmando lo anterior, una forma muy interesante de crecer profesionalmente es vivir en otro país. Recordemos a tantos artistas famosos que vivieron en tres o cuatro países diferentes y desarrollaron allí nuevas experiencias artísticas que impactaron la historia. Pero no todo el mundo puede hacer eso. Entonces, ¿por qué no trabajar en cooperación con un arquitecto o diseñador extranjero? Si todavía te parece difícil, entonces aprovecha el tamaño de Brasil y trabaja, si estás en el Sur, por ejemplo, con un profesional del Norte o del Nordeste. ¡Imagínese cómo puede cambiar la forma en que pensamos y hacemos nuestro trabajo!

Proyecto de Zaha Hadid: Hoxton Square, Londres 2006. Fuente: www.zaha-hadid.com


La arquitecta iraní Zaha Hadid (1950-2016) se educó en Bagdad, Suiza y Gran Bretaña. Regresó al Medio Oriente para estudiar matemáticas, y luego de completar este curso se fue a Londres a estudiar arquitectura. Es mucho terreno recorrido, mucho coraje y mucha experiencia de vida..., pero resultó en lo que todos sabemos de sus obras. Fue la primera mujer en recibir el Premio Pritzker (2004) de arquitectura. 


Existen innumerables materias dentro de nuestra área profesional que podemos estudiar, incluso aquellas que creemos que ya conocemos. Recuerde que la misma categoría de información cuando es traída por otra mente puede cambiar completamente la vista que tenía. Pero estudiar otros temas distintos, ya sean más técnicos o artísticos en otras áreas, también amplía nuestra capacidad neurológica y, en consecuencia, nuestra visión. 


Últimamente también he estado leyendo mucho sobre las diferentes líneas de la psicología. Los psiquiatras Carl Gustav Jung y Sigmund Freud dieron gran importancia a las imágenes y los sueños como mecanismos de expresión del subconsciente. A través de sus planteamientos que adapté al interiorismo, pude haber ratificado mi teoría sobre el uso de imágenes aleatorias para ayudar a descubrir el perfil estético del cliente y como mecanismo para desarrollar una conversación que haga que el cliente se relaje y se abra para mostrar sus deseos. inconsciente para un proyecto, fuera de la influencia de las modas. 


En mi anterior entrada en ese blog hablé sobre Biofilia. Ese es un tema que surgió hace décadas, pero que hoy es urgente que lo conozcamos con más profundidad. Creo que es un gran comienzo comenzar a sumergirse en un nuevo estudio. Otros temas, sostenibilidad y neurociencia también son siempre útiles en cualquier área. 


¡Buenos estudios!



Bibliografía:

MORA, Francisco. Como funciona el cerebro. Madrid: Alianza Editorial, 2002.

MORA, Francisco. El científico curioso – la ciencia del cerebro en el día a día. Madrid: Ediciones Planeta, 2008.

QUIROGA, Rodrigo Quian. Qué es la memoria. Barcelona: Editora Ariel, 2018.

AGAMBEN, Giorgio. O homem sem conteúdo. Belo Horizonte: Autêntica Editora, 2013.

GUILLÉM, Jesús C. Neuroeducación en el aula – de la teoría a la práctica. CreateSpace Independent Publishing, 2017.


martes, 24 de noviembre de 2020

 


Este texto fue traducido a partir del artículo que escribí para el portal de arquitectura ArqSC.


Somos un diseño más en la historia de la Madre Naturaleza.

Esta afirmación puede dañar nuestro ego, considerando cuánto nos hemos desarrollado en comparación con otros ocupantes de este planeta. Pero eso es lo que somos: un diseño que se destacó, pero que sigue dependiendo de otras formas de vida que no dependen de nosotros, pero a la cuales podemos hacer mucho daño. A cambio de ese daño, ellas nos pagan con paz, equilibrio, belleza, comida y salud siempre que las necesitemos, consciente o inconscientemente. La naturaleza trata continuamente de romper el ciclo dañino que "nos causamos nosotros mismos cuando le hacemos daño" ... ¡es casi una paradoja! Nos alejamos de la naturaleza sin darnos cuenta década tras década, y nos aislamos cada vez más en espacios cerrados, hasta el punto de que pasamos el 90% de nuestro día en interiores artificiales (según la OMS). Nos llaman “Generación Interior”, y lo peor: nos enfrentamos a la triste realidad de que pasamos mucho tiempo viviendo en espacios física y mentalmente insalubres y antinaturales.


Muchos de nosotros estamos comprometidos con crear o rescatar conocimientos multidisciplinares para aportar equilibrio en los espacios construidos. Áreas de conocimiento como la neurociencia, la psicología y la biología forman la base de la terminología BIOFILIA, cuyo concepto cambia con los tiempos y con las nuevas tecnologías. La etimología de la palabra es philia (amor) y bio (vida): amor a la vida, amor a lo vivo y es una forma espectacular de lograr el equilibrio. Aplicada a la arquitectura y al diseño de interiores, la Biofilia también adopta un “pariente” derivado de la neurociencia: la neuroarquitectura.


Según la arquitecta mexicana Jimena Fernández, socia de una oficina especializada en proyectos en los que se aplican conceptos de Biofilia (www.spacemex.com), esa se aplica en diseño de interiores utilizando conocimientos de tres áreas interdependientes: la física y la biología, la psicología y la ciencia de la cognición.

Xylem Pavilion, Parque Nacional de Yellowstone, Montana, EUA. Kéré Architecture. Francis Kéré diseñó el pabellón Tippet Rise, inspirado en las estructuras sagradas de madera y paja de Toguna en las comunidades Dogon en África Occidental. Ubicado en un bosque de álamos adyacente a Grove Creek y el campus central del Xylem Art Center, está construido con pino ponderosa y sostenible, de origen local y tiene un dosel de troncos vertical que filtra los rayos de luz en las áreas. de descanso. (fuente: www.kere-architecture.com)

Otros importantes despachos de arquitectura y diseño de todo el mundo están recurriendo a conceptos de Biofilia y adaptándolos gracias a los estudios de la neurociencia para realizar proyectos que transformen los ambientes en espacios saludables, es decir, generadores de salud, curadores, espacios que aumentan el estado. conciencia y confianza de los usuarios; que respetan la diversidad social y cultural (por ejemplo, los proyectos del arquitecto africano Francis Kéré).

Otros, hace décadas e incluso siglos, ya han sentido la necesidad de plasmar los patrones de la naturaleza en el papel y han erigido edificios que son verdaderas obras maestras. Analiza la Basílica de la Sagrada Familia (Antoni Gaudí, iniciada en 1882 e inconclusa) en Barcelona y la Iglesia de la Sainte Chapelle (1248) en París y verás como la naturaleza puede manifestarse en la arquitectura religiosa a gran escala y de formas tan diferentes.

A la izquierda: Art Nouveau Hotel Tassel enm Bruxelas (Victor Horta, arquitecto, 1893). A la derecha: interior do metrô de Nova York. (fonte: Wally Gobetz através de Flickr).

Llevar la naturaleza a los espacios interiores no se limita a incluir solo vegetación. De hecho, incluso utilizando el concepto de Biofilia, hay espacios que no tienen plantas, pero que siguen siendo ricos en referencias visuales de la naturaleza percibidas de forma consciente o inconsciente. Por esta razón, la Biofilia aplicada al diseño también se conoce como la “segunda naturaleza”.


Nuestro cerebro es capaz de reconocer patrones en la naturaleza que están grabados en nuestra memoria. Cuando reproducimos ciertos diseños, texturas y proporciones que están presentes en las formas de la naturaleza a escala micro o macro, inconscientemente somos transportados a una sensación de bienestar natural. Un ejemplo de esto es la secuencia de Fibonacci, que está presente en un número infinito de formas en la naturaleza y fractales. El profesional debe tener este conocimiento. Los revestimientos de suelos, paredes y techos ayudan mucho en este sentido, reproduciendo patrones que nuestro cerebro reconoce en la naturaleza, sin ser necesariamente algo figurativo como una hoja o flor, sino también las formas abstractas que se generan en la naturaleza como los fractales.

Los fractales son estructuras geométricas naturales. Tienen auto-fragmentos similares, lo que significa que se ven y se replican en diferentes tamaños. A menudo se encuentran en las regiones de contacto entre dos sustancias, ya sea por desgaste o para promover intercambios entre ellas. En la imagen, varios fractales presentes en las mareas en la naturaleza. (fuente: https://www.nationalgeographic.com.es/mundo-ng/hector-garrido-el-fotografo-que-amaba-la-geometria-fractal-y-donana-2_9873/15)

Nuestro cerebro necesita colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, violeta y todos terciarios, no necesariamente todos juntos. ¿Hay algún lugar en la naturaleza donde nadie esté presente? Incluso en los polos, donde aparentemente reina el hielo blanco, se puede apreciar el azul del cielo. Los colores están presentes en la naturaleza y varían según las horas del día, según el ciclo de vida de los seres vivos y los parques.


La Biofilia también está presente cuando reproducimos aromas, sonidos y texturas naturales en los ambientes: agua, rincón de árboles, sonido de árboles en el viento, olor a tierra, pasto cortado, flores y diferentes aromas.


La vegetación interior debe ser algo mucho más que un simple efecto decorativo. Dentro del concepto de Biofilia, para que el usuario realmente interactúe con el verde, las plantas deben tener una función práctica y el usuario debe involucrarse en su cuidado. De esta forma es posible diseñar pequeños jardines, cultivar árboles en mazos, en definitiva, involucrar al usuario en el cuidado del individuo y que ambos se beneficien de esta colaboración.




La empresa Mohawk Group (www.mohawkgroup.com) crea colecciones con diseños basados ​​en patrones de diseños inspirados en los fractales, y para agregar a sus productos parte de la esencia de la naturaleza que el ser humano reconoce instintivamente. Colección Fractals Relaxing Floor. (fuente: www.mohawkgroup.com

En el artículo titulado "Diseño basado en la naturaleza: el nuevo verde", encontramos información sorprendente sobre los patrones fractales: "Hay muestra que las geometrías irregulares y autosimilares que ocurren en todos los lugares naturales tienen un papel importante que jugar en la creación de entornos construidos que contribuyen al desempeño y bienestar humanos, como dijo Lance Hosey, director de sustentabilidad en la firma de arquitectura RTKL y autor de The Shape of Green: Aesthetics, Ecology, and Design: “Hemos respondido de manera dramática a este estándar que podría reducir los niveles de estrés hasta en un 60 por ciento, solo por estar en un nuevo campo de visión ”. Sugiere incorporar formas fractales, particularmente aquellas que se refieren a los patrones formados por la limusina, ramas y ramas de acacias en la sabana africana, siempre que sea posible, proyectos textiles, arquitectónicos o proyectos de mobiliario que detallen formas similares que se repiten en las diferentes escalas son una cualidad de la naturaleza que el ser humano considera estimulante y relajante ”.

Librería M. I. ubicada en Harbin, China, cuyo diseño se inspiró en las montañas del Gran Khingan. Proyecto de oficina de arquitectura HMA. (fuente: https://www.elledecor.com/es/diseno)

Numerosos estudios han demostrado la importancia del concepto de Biofilia cuando se aplica a espacios críticos como, por ejemplo, los hospitales. La arquitecta brasileña Marilice Costi (www.marilicecosti.com.br) también nos habló de ella en su libro “La influencia de la luz y el color en los pasillos y salas de espera de los hospitales”, EDIPUCRS, 2002, que los familiares redujeron su nivel de ansiedad a lo largo de la espera cuando las áreas comunes tenían color, iluminación planificada, elementos naturales como acuarios y plantas, entre otras estrategias. Otros estudios con pacientes hospitalizados demuestra que se curan antes y necesitan menos medicación cuando se encuentran en ambientes donde hay una presencia real o sugerida de la naturaleza y donde hay abundancia de luz natural.


Los principios de la Biofilia aplicados a los espacios interiores pueden reducir la posibilidad de que los trabajadores desarrollen un "agotamiento". Las personas son más creativas y productivas cuando están felices, lo que nos lleva a la conclusión obvia de que las empresas deberían querer trabajadores felices. La Biofilia aplicada en proyectos comerciales tiene un potencial inmenso e increíble para llegar a muchas personas en poco tiempo.


La diseñadora Rosalyn Cama (https://www.camainc.com/) dice que muchas veces en sus conferencias hace una encuesta rápida entre los presentes, pidiéndoles que piensen en una situación estresante a la que han sido sometidos en los últimos días. Luego, los desafía a pensar adónde huirían para escapar de esa situación estresante. El resultado que ha observado durante años es que el 95% de las personas dicen que quieren escapar a un lugar al aire libre. En su opinión, "representar las preferencias humanas por un hábitat natural en un entorno urbano a través de la imitación es el siguiente paso lógico en un movimiento de ecodiseño".


El International Journal of Environmental Health Research 2011 recopiló los resultados de varias disciplinas diferentes para desarrollar 12 "recomendaciones de contacto basadas en evidencia sobre la naturaleza" con el fin de "crear lugares saludables". Entre ellos se encuentran: cultivar suelos naturales para ver, mantener jardines medicinales, aceptar animales en el interior, iluminar las habitaciones con luz natural brillante, proporcionar una vista clara de la naturaleza en el exterior, exhibir una fotografía de la naturaleza o un arte realista de la naturaleza. Es un desafío difícil pensar en cómo los arquitectos y diseñadores pueden incorporar creativamente todo esto en el proyecto.


Como arquitectos siempre nos preguntamos: ¿cuál es el futuro de la arquitectura y cuál es nuestra responsabilidad como profesionales? Con nuestros proyectos, queremos ayudar a crear sociedades más empáticas, justas y felices. La Biofilia es un camino que promueve la conectividad entre las personas, la naturaleza y la espiritualidad, a través de soluciones aplicables desde el urbanismo hasta el diseño de productos. Estas soluciones están alineadas con nuestros instintos naturales y permiten que las personas se sientan bien, trabajen mejor y más felices.


Si la investigación en neurociencia ya ha demostrado los beneficios de los principios de la Biofilia para los seres humanos, ¿qué esperamos poner en práctica en nuestros proyectos lo que nuestro cerebro evolucionó durante miles de años nos pide que hagamos? ¡Abramos nuestras mentes, estudiemos más sobre el tema y manos a la obra! Nuestros genes buscan profesionales para abrazar esta causa.


Recomendaciones de lectura e investigación, además de las referencias citadas en el texto:
  • Libros del matemático Nikos A. Salíngaros, reconocido por su trabajo en teoría urbana y arquitectónica, filosofía del diseño. (también hay varios videos tuyos)
  • Libros de Stephen R. Kellert, profesor de ecología social en la Escuela de Estudios Forestales y Ambientales de Yale (F&ES), cuya investigación y redacción han aumentado la comprensión de la conexión entre los seres humanos y el mundo natural. En uno de sus libros "Proyecto biofílico: la teoría, la ciencia y la práctica de dar vida a los edificios", presentó una lista de seis elementos del diseño biofílico y 72 atributos del diseño biofílico que crean una pauta para quienes buscan lograr un proyecto biofílico. en un entorno de edificio moderno.
  • Oficina del arquitecto colombiano Trino Sánchez: ww.arquint.net
  • Textos y entrevistas de Linda Sorrento, reconocida diseñadora de interiores estadounidense.
  • Sitio web del estudio de arquitectura británico Hopkins Architects: https://www.hopkins.co.uk/
  • Observar la obra del arquitecto catalán Antoni Gaudí es también sumergirse en los principios de la biofilia a través de sus estándares biomórficos.
  • Mira este delicioso video con imágenes de fractales formados por las mareas:  Armonia fractal de Doñana y las marismas






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